El tren de la Liga pasa por Pamplona
Robinho o Beckham, duda en el Madrid. Milosevic al banquillo

El partido perfecto para un equipo de Capello debería ser una visita a Pamplona, especialmente si consideramos los ricos antecedentes que las adornan. En estos encuentros al Madrid casi siempre le sobró talento y le faltó algo de presencia física, también de fortaleza de ánimo. Es por eso que hoy no criticaremos (demasiado) el doble pivote defensivo del entrenador, aunque nos siga pareciendo excesivo el desembolso realizado para viajar con cierta seguridad al Reyno de Navarra.
Sin embargo, esa memoria histórica que nos trae el recuerdo de un Madrid sufriente y doliente, no se corresponde con lo ocurrido en los últimos tiempos. De hecho, los blancos han ganado en sus dos últimas visitas a Pamplona, lo que ha dejado el balance general entre ambos en siete victorias locales, siete foráneas y seis empates. El Madrid podrá comprobar hoy si el cambio de nombre le ha restado ferocidad al estadio, que lo parece (cuatro victorias, cuatro empates y seis derrotas). Y no sería extraño. Esto es como si le cambiaran el nombre al infierno y lo denominarán "el sótano ardiente". Apetecería ir. Pues lo mismo.
Animado por esa aparente igualdad que trasciende la clasificación de cada uno, el partido es muy interesante, porque remite a una vieja rivalidad y porque los contendientes circulan por debajo de las expectativas. El Madrid (4º) se juega puntos y crédito, en su intento de no descolgarse de la cabeza de la Liga y de los corazones de los que apoyan. La clasificación en la Copa no sirve para jalear los espíritus y la derrota contra el Celta todavía escuece. Osasuna, que eliminó al Peña Sport, tampoco debería sentirse insuflado por ese triunfo. Aunque le vendría bien: suma cinco jornadas en Liga sin victorias.
Deportivamente, el Madrid ha viajado sin Ronaldo, lo que evita un problema moral a Capello, que dudo que alguna vez alinee dos puntas en territorio comanche. Quien sí ha sido convocado es el arrepentido Cassano, que ha pedido perdón con la misma convicción de los niños de cinco años a los que has dejado sin postre. La autoridad del club también es comparable con esa escena doméstica. Michel Salgado ha entrado igualmente en la expedición. Por lo demás, no hay más intriga que saber si jugará Beckham, bastante lucido contra el Écija, o lo hará Robinho, cuyas frivolidades contra el Celta le costaron su sustitución en el descanso. Conociendo al sargento, apostaremos por el inglés.
Delanteros.
En punta, Van Nistelrooy volverá a ser una referencia de garantías, porque hay que admitir que responde cuando se le pregunta, es decir, cuando se le dan balones. Milosevic esperará turno en el banquillo y la oportunidad de convertirse en el yugoslavo más goleador del fútbol español. De momento, le supera en un gol Kovacevic (89).
El Osasuna, por su parte, no podrá contar ni con Soldado ni con Juanfran, marginados por esas cláusulas que impiden la venganza de aquellos jugadores en los que sus propietarios no terminan de creer. Con serios problemas defensivos (un gol a favor y cinco en contra en las cinco últimas jornadas), el equipo se entrega al talento de su mitad superior: Valdo, Raúl García, Delporte y Webó. No obstante, los problemas para hacer gol (cinco en total) empiezan a ser alarmantes. Es curioso que un ariete como Ziganda no haya dado con la clave. El joven Raúl García fue, por cierto, uno de los futbolistas seguidos por el Madrid para reforzar el centro del campo. Finalmente se fichó a Diarra y Emerson, recordarán.
A pesar de los achaques aparentes, si el Madrid puntúa hoy en Pamplona será su mejor arranque liguero a domicilio desde la temporada 98-99. Buen partido, caliente, y se agradece. Comienza a refrescar por la noche.
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