Primera | Recre 2 - Nàstic 1

Huelva se apunta a sufrir

Mario llevó la euforia a la grada en el último suspiro

<b>CRACK. </b>Javi Guerrero puso el empate en El Colombino con un taconazo de autétncio genio.
Gabriel Galán
Actualizado a

Mucha gente de Huelva (y también de otros lares) pensaban hasta ayer que la justicia en el fútbol no existía. El Recre, masacrado por los arbitrajes, se había dejado por algún lugar desconocido la alegría que había tenido en las primeras jornadas. Ya se pensaba que esa alegría no volvería a aparecer, pero no. Ayer, el Nuevo Colombino volvió a sonreír fiel al estilo de esta temporada. Mario, sí Mario, llevó la euforia a la grada en el minuto 93. Era el triunfo de la justicia, del buen juego y del pundonor.

Marcelino ya había comentado hace unas semanas que muchos partidos de su equipo se decidirían en los últimos minutos. Y qué razón tenía. Levante, Real Sociedad, Betis, Getafe, Nàstic... El asturiano demuestra con palabras y con hechos que sabe de fútbol. Y mucho. Se conoce a los rivales casi al dedillo y se nota que prepara los partidos. Luego, la pelotita, los árbitros y otros factores deciden.

Y ya ni un gol tempranero en contra le preocupa. Bueno, un poco sí. Irurzun se aprovechó de un rechace dentro del área para batir por bajo a Laquait. El partido no había hecho nada más que comenzar y el cielo se volvía a poner negro por Huelva. Y eso que no llovía. Pero pronto aparecieron los claros. El Recre jugaba a su (buen) estilo y sólo había que tener paciencia.

Sinama tuvo el empate en sus botas, pero mandó el balón al muñeco en un mano a mano con Rubén. Poco después, Cazorla se sacaba de la manga un gran centro que Javi Guerrero mandaba a la red con un espléndido taconazo. De crack.

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Ese gol aplacó un poco los nervios locales y provocó que el Nàstic se asustara. Aunque ya lo estaba. Nada más salir de vestuarios, Pinilla, incombustible, estuvo cerca de volver a callar al Nuevo Colombino, pero su disparo se marcó arriba. Ahí se acabó el peligro visitante. Entró Uche y el Recre se creció. Viqueira tiró de casta, la defensa secaba a Portillo, que hizo bueno a Makukula, y los delanteros creaban peligro. El nigeriano pidió penalti por manos de Ruz cuando el balón ya entraba y Juanma, muy egoísta, remató por dos veces, pero Rubén estuvo inconmensurable.

El Nàstic pedía a gritos el final, sobre todo tras la expulsión de Llera y por los problemas físicos de su portero. Pero no. De nuevo, y ya van varias ocasiones en esta temporada, el Recre cambiaba el signo del encuentro en el último suspiro. Mario estuvo más avispado que nadie y rompió la pelota en el área pequeña. Ese gol hacía justicia y demostraba que el Recre tiene un señor equipo y un señor entrenador. Por ahora, que le quiten lo 'bailao'. A nueve puntos del descenso y con síntomas de haber olvidado el síndrome del Calderón. El sueño de la salvación está tres puntos más cerca.

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