"Nos haremos socios"
Cornellà vibra con el arranque de las obras. La 'pericomanía' está aquí

Antonio Ferrer y Ángel García son un matrimonio jubilado, con hijos y nietos, todos residentes en Cornellà. Ayer fueron de compras al supermercado y, de regreso, quisieron fisgar por las obras del nuevo estadio del Espanyol. "Nos gusta el Espanyol. ¿De joven no eras tú perico?", le dice Antonia a Ángel, que asiente con la cabeza. Ellos tienen algo que decirnos: "Nos vamos a hacer socios. Es que nos queda tan cerca... Y nuestra gente también se apuntará al Espanyol". Ese es su deseo, y la primera pista de lo que puede significar el paso del Espanyol a los terrenos de Cornellà-El Prat.
El club se encontrará con una población millonaria, deseosa de que una entidad de primer nivel se les acerque y les saque del anonimato.
La calle Sant Jeroni (¿será el homenaje al Jeroni Castell, el gran perico-restaurador de Ulldecona?) es un hervidero de máquinas. Se está urbanizando los exteriores del campo, dándole una vuelta al alumbrado para acondicionar la zona. Una joven con una carpeta de la Universitat de Barcelona se acerca por la Avinguda del Baix Llobregat: "Aquí van a tener ustedes mucho éxito porque a sólo 500 metros tenemos todo una red de carreteras que nos unen con Barcelona y cercanías". Sí, efectivamente, a lo lejos queda la fábrica de Damm del aeropuerto, la variante que une la AP-7 con las rondas de Barcelona, el Corte Inglés de Cornellà... Todo está a un paso, incluso el Novotel (equipos de Primera, vayan preparando sus reservas). Cerca de un millón de personas cercan estos terrenos. ¿Qué más se le puede pedir?
Crece la hierba.
Se nota que las obras llevan tiempo un tanto aletargadas. Las malas hierbas han crecido a la vera del futuro terreno de juego. Hay árboles que incluso molestan.
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¿Cuándo empezará a ver sealgo? Aunque sólo sea para poder imaginar lo que podrá ser en primavera/verano de 2008. "Durante este mes ya se podrán empezar a levantar los cimientos. Esto va a ir sin prisa pero sin pausa", nos cuenta Víctor Espinosa, el operario que ha estado ahí desde el principio y que ha pasado por AS tantas veces desde que empezamos con esa cuenta atrás que pronto acabará. "Ya tenemos ganas de ver crecer el campo", nos apostilla.
Y de fondo se escucha el rumor del patio de un colegio, de la autopista, de los autobuses, en definitiva, del curso de la vida. Unos kilómetros más allá, en Montjuïc, sólo se oye el taladro en un costado del pebetero, aquel que ardió para el Mundo hace 14 años. Está de reformas. El Espanyol se mueve y el Ayuntamiento tiembla porque un club centenario se le va.



