Yo digo | Ricky Romero

Por fin vimos a Gilberto

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Todos, sin excepción, se lo suponíamos. Y ayer nos lo mostró. Hablamos de Gilberto, Gil para los amigos, y su talento. El brasileño es de esos extremos capaces de poner patas arriba una defensa y patas abajo un estadio de fútbol. Quizás contagiado por el efecto Robinho, Gil volvió loco durante un rato a Sergio Ramos. Tiene velocidad, lo que le convierte en un futbolista perfectamente apto para desbordar. Se atrevió, incluso, con alguna que otra bicicleta (perdón, pedalada) que levantó al público de sus asientos. Siempre pidió el balón y cada vez que le llegó hizo lo que debía: encarar y centrar.

El Nàstic volvió a perder, pero descubrió que tiene fútbol de sobras para plantar batalla en la lucha por la permanencia, además de un extremo brasileño que tiene aún muchas cosas que mostrar. Ayer miró de frente a Ramos, como Robinho lo hizo con Manel Ruz y después con Carles Mingo. Gilberto existe, no se esconde, y con confianza puede ser el hombre que guíe al Nàstic hacia la permanencia. Ayer le faltó su buen amigo Javi Portillo, quien, a buen seguro le pedirá que en lo sucesivo no baje el pistón en su juego. Quizás en la sociedad Gilberto-Portillo esté la clave del asunto para el Nàstic. Visto lo que es capaz de hacer el brasileño y lo que se conoce del de Aranjuez, la permanencia debería ser más que posible. El Madrid ganó ayer, pero no todos los rivales de hoy hasta el final vestirán de blanco ni tendrán 11 estrellas por puesto.

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