Diego y Ewer vuelven al lugar del crimen
La Copa regresa con el dúo arriba: el año pasado hicieron 14 goles

El Zaragoza se tiene fe. El Hércules se tiene fe. La Copa supone una reunión concéntrica de desafíos, de equipos y jugadores. Por eso es el torneo más bonito posible, aunque la federación juegue al tetris con ella. El Zaragoza cree en su alegría, en el doble partido, en la superioridad, en su costumbre de dos goles, en la pareja metralleta. El Hércules opone la fe del redimido, la del underdog que alimenta sus aspiraciones en un torneo rabioso de emoción: "Todo ha cambiado, estamos en nuestro mejor momento", advierte Moisés. Y Moisés es un león: león de carácter, león de apellido, león por filiación zaragocista.
En realidad, el Hércules nació de la fe del Chepa: Vicente Pastor, uno de sus fundadores. Nació con la forma de un sueño de excelencia física, un deseo de poder mitológico en un hombre de fisonomía atormentada. Un equipo macho. El Hércules se quiere en Primera (21 fichajes) pero está en el descenso a Segunda B. Y se quiere derribando al Zaragoza, subcampeón de Copa. El deseo significa un paso, la apertura a una posibilidad.
El Zaragoza deberá guardarse contra ese entusiasmo, encarnado en Moisés o Piti, dos ex zaragocistas que bien podrían componer hoy la delantera de Josu Uribe. Moisés siempre le mete gol, el último en Córdoba en Segunda. Piti tiene entre ceja y ceja la revancha del emigrante. Hay al menos una docena de jugadores con amplísima experiencia en Primera o en equipos grandes de Italia, México, España o Argentina: Farinós, Galindo, Graff, Schiavi... Uribe no dará hasta esta mañana su convocatoria y la alineación tendrá que esperar al vestuario. Es una costumbre, no una trampa.
¿Suplentes? El Zaragoza tiene varios argumentos para la confianza: su excelencia en pasajes en los que borra al contrario, la recuperación del dúo Ewerthon-Diego (14 goles en la pasada Copa), el cambio de la competición a doble partido... Hay más, pero deberían bastar éstos u otros.
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Hay seis variaciones en el equipo titular, la más notable en la portería, donde atenderá Miguel. Este partido debe servir como toque de corneta para reclutar hombres, gente que hasta ahora se ha quedado en el margen de los partidos: Piqué otra vez, Ponzio y Movilla, los medios del Galacticazo; desde luego Óscar. Jugadores a los que nadie puede llamar suplentes. Víctor le da aire a Zapater y no se llevó a Longás y Aranzábal. Pequeños palos, pero las listas de la Copa sólo admiten a 16 jugadores. Celades y Sergio García aguardan. Lafita y Chus tienen hambre.
Este partido dura 180 minutos. A pesar de la fe, y aunque la Copa sea otra cosa, 180 minutos sobran para dejar sentada la superioridad.




