Primera | Sevilla 2 - Nàstic 1

La siesta duró demasiado

Tras los goles, el Sevilla se relajó y sufrió para ganar

<b>POR TODO LO ALTO. </b>Adriano y Luis Fabiano felicitan a Kanouté por uno de los goles conseguidos ayer ante el Nàstic.
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Aquí sólo vale ganar y hoy ya nadie se acordará del jueguecito con fuego que entretuvo a los sevillistas durante la segunda parte. Este equipo se ve tan superior a muchos rivales que se permite el lujo de desconectar de los partidos cuando piensa que ha cumplido con su obligación, algo que pudo tirar por la borda el trabajo realizado en la segunda parte. Con los minutos, el encuentro se puso muy feo. Pero el Sevilla parece que empieza también a dominar las artes de ganar los partidos a medio gas. Un vicio del grande muy peligroso.

Sólo la calidad abismal que separa a los atacantes sevillistas de los que tiene Luis César decidieron un partido que el propio Sevilla se encargó de avivar en la segunda parte. El Nàstic se la jugó saliendo con decisión y tuvo sus opciones. Apostó por el factor sorpresa y pudo sacarle rendimiento al asunto. El problema es que Campano no tiene el talento de Navas y Portillo es un alevín al lado del matador Kanouté. Poco más. Explíquenme este sentimiento: el Sevilla no tocaba área, pero creaba peligro; el Nàstic llegaba al área rival, pero no asustaba. Campano comenzó incisivo y a Portillo le cayó una del cielo para machacar a Palop. Pero... faltaba calidad. La misma que al Sevilla le sobra.

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A los sevillistas les bastó activarse unos minutos para cambiar el destino de la cita. Navas se puso manos a la obra y amargó la tarde a David García. El primer gol fue una obra de arte. Nació casi de la defensa. Maresca oxigenó bien, Luis Fabiano se revolvió y cargó el juego a la banda. Y ahí pareció el niño. Navas inventó un centro medido a Kanouté que el malí empalmó con la capacidad de matar de un bombardero. Minutos después, el canterano tocaba la línea de fondo para regalar el segundo a Kanouté. Se acabó. El Sevilla ofrecía otra lección de cómo arreglar un partido por la vía rápida. Sus recursos ofensivos son tan peligrosos que provocan el miedo constante en las defensas rivales.

Todo estaba escrito, pero el Sevilla se echó a dormir demasiado pronto. Maresca erró un penalti, por su ansia de convencer, y el Sevilla entró en un letargo peligroso. Ni cansancio por la UEFA (revisen los que jugaron en Liberec y los que lo hicieron ayer de inicio) ni películas. El equipo se sintió tan superior que entró en una pachanga inadmisible para un grupo que quiere aspirar a todo. Cuéllar apretó con su gol, consecuencia de la relajación defensiva. A los de Juande se les había apagado la luz y sufrieron hasta el final. Los corazones se aceleraron cuando Irurzun mandó un balón al larguero que botó en la línea. La suerte estuvo de cara. La siesta duró demasiado y pudo pasar factura, pero este Sevilla también domina hasta sus idas mentales. Con suerte, claro.

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