Primera | Real Madrid-Barcelona

Un gran clásico para conocer el futuro

El Madrid vence en fuerza y el Barcelona se impone en juego

<b>EXPECTACIÓN. </b>Ronaldinho fue uno de los más solicitados al llegar al hotel Intercontinental.
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Llegó el día y entra el miedo. Profundo, incontrolable. Miedo a perder, a las burlas, al destrozo, a los panchitos sobrantes, a su mirada sarcástica. Miedo a la fiesta que se puede armar en caso de victoria, a tu reacción desmedida, a las fuentes en octubre y a la pulmonía en general. Llegó el clásico. Y ya sólo queda dejar pasar las horas, que caen pesadas y lentas, hasta que arranque Alonso y todo se convierta en un frenesí, en una locura, porque esa emoción se encadenará con la siguiente y a quien abrazaste antes será luego tu adversario, y su alegría tu tristeza, o al revés.

En algún sentido, los partidos en las vísperas parecen vistos para sentencia, como si lo que está por suceder se estuviera terminando de escribir ahora mismo y después se nos entregara la película resultante. Como si un notario ya conociera el marcador final y para nosotros quedaran las migajas, algunas pistas, muchas falsas. Así no hay forma de hacer un pronóstico. No hay pruebas, sólo intuiciones.

El Barcelona es más equipo, está claro, pero viene con dudas y juega en el Bernabéu. Hay quien considera que eso compensa el hándicap inicial y hasta sitúa al Madrid con ventaja. El público cuenta, pero no evitó la pasada temporada el 0-3. En ese caso, el deseo de venganza ayudará más. Y si el choque deja de ser una partida de ajedrez y se transforma en una reyerta (mejor con barro), el Madrid ganará terreno porque el balón no será lo más importante, sino la fuerza. En una situación así, el discurso de Capello se antoja más colérico y decisivo que los sagaces susurros de Rijkaard.

Ayer se supo que Etoo ha llamado a Ronaldinho para transmitirle apoyo y pedirle que tape bocas. Se entiende la conferencia porque el brasileño es un factor aparte. Anda medio extraviado, pero tiene voto de calidad. Y aunque dicen que tarda en coger la forma, el pasado 19 de noviembre se marcó un recital en este escenario, dos goles como dos soles, cinco en cinco clásicos. Tal vez no sea un problema de fechas, sino de ganas.

La clave.

Teóricamente, el encuentro debería decidirse en el mediocampo. El Barça tiene a dos creadores (Iniesta y Deco) y el Madrid sólo a uno, Guti. Esa inferioridad es la que hace pensar que Capello intentará saltarse el trámite del toque-toque. Si los jugones del Barça se las verán con Diarra y Emerson se espera que Gutiérrez tope con Motta, mejor futbolista de lo que parece por la armadura de pinchos. La presencia de Xavi y Messi en el banquillo sugiere algo más que precaución, miedo.

Sin desequilibrios aparentes en las defensas, arriba el Madrid es más fuerte. Raúl tiene orgullo, Robinho improvisación y Van Nistelrooy oficio. En el Barça, Giuly es un puñal, pero Gudjohnsen desentona, al menos, en teoría. Dicho está que Ronaldinho es un mundo al margen y que no entra en estas cuentas terrenales.

La historia dice que tras 200 clásicos, los blancos suman 82 triunfos y los azulgrana 77, con 41 empates. La historia contemporánea también indica igualdad de fuerzas: el Barça ha puntuado en nueve de sus 15 últimas visitas.

Con permiso de Etoo y Ronaldo, al partido no le falta nada. Si el Barça se aleja ocho puntos dejará malherido a su rival. Si el Madrid se acerca a dos sembrará la inquietud en su enemigo. Por si no fuera bastante eso y la pasión en las gradas, se anuncia la presencia en el palco de Scarlett Johansson, actriz voluptuosa y mareante. Habrá algún ilustre invitado al que el destino cruel planteará la desgarradora duda de si atender al partido o a la bella. Aunque la tentación es diabólica, me temo que es mal día para ser bella.

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