La Revolución de Luis
Volvió para encarrilar un triunfo clave. Golazo de Riera


Existieron a lo largo de la historia revoluciones de todo tipo. La mayoría, cruentas. Otras, como la Revolución de Terciopelo que tuvo a Praga como epicentro en 1989, se recuerdan por lo pacífico de su desarrollo y desenlace. La de anoche fue la Revolución de Luis, que anotó el gol de una trascendental victoria ante el Sparta en su regreso a la disciplina... en todos los sentidos. Y también de Riera, que tampoco contó para Villarreal. Y merced a eso, el Espanyol se coloca con innumerables opciones de pasar ronda en la Copa UEFA.
Pero hasta llegar a comprender esa magnitud cabría rebobinar la película del partido. En ese primer cuarto de hora se divisó a un Espanyol aupado por la mejora experimentada en Villarreal que pudo adelantarse antes mediante dos balones colgados, por De la Peña y Riera, que en ningún caso hallaron rematador. Ya olía a que no iba a ser la noche de 'El Rifle' en busca del oro en la ciudad del ídem, y así alcanzamos ese penalti que adelantó a los pericos: un derribo de Kadlec sobre Luis García, en el que fue pícaro como lo suele ser su inseparable y ayer ausente Tamudo. Luis quiso picarlo, nadie le discutió, y lo hizo de libro.
Lo siguiente en la primera mitad sería más tenue, aunque sin rayar ni de lejos el fatalismo de las primeras semanas de competición, pues el equipo sufrió lo mismo que quien vuelve de Praga con un jarrón de cristal de Bohemia en una maleta facturada. Simak, Dose, Matusovic y, sobre todo, Kisel, inquietaron en demasía a la zaga perica.
Imprimió en la reanudación el Espanyol ese ritmo que poco a poco le hace reencontrarse con el conjunto campeón que es y quiso ir por la sentencia. Riera casi lo tuvo, pero atajó Blazek, y mientras, el Sparta se lanzaba a la contra, donde no se encontró del todo incómodo e incluso provocó que los pericos pusieran barricadas. Aunque para contragolpe claro el de Pandiani, que se plantaba solo ante el portero y fue derribado en la frontal: lejos de pitar falta y expulsar al defensor, el árbitro dejó seguir la jugada. Incomprensible. El colegiado, por cierto, parecía más español que inglés, como su nombre (Howard) delataba, por la cantidad de faltas que señaló y errores que cometió.
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No fue un error el golazo de Riera, que solito hizo un contragolpe que únicamente él podía culminar. Bendita tranquilidad, ya en el 84'.
Rezaba el españolismo, y suplicaba Valverde, por una victoria para comenzar la liguilla como hace un año en Moscú. Y la obtuvo. Lo positivo, que aquella velada ganaron por una ocasión. Ayer no; la escuadra dio síntomas de estar cerca de lo que el aficionado espera. ¿Serán los aires de la UEFA? ¿Será la rabia con la que regresan los castigados? En cualquier caso, ¡viva la revolución!



