Getafe es la capital
Bochornoso partido del Madrid Los locales fueron muy superiores Van Nistelrooy, Ronaldo y Raúl jugaron juntos toda segunda parte Ronie vio la roja

El día que se cumplieron los 50 de días de gracia solicitados por Capello, el Madrid llegó al punto de no tener gracia alguna. En este caso, no es que jugara mal, es que no jugó. Este equipo, que se cree candidato a ganar todos los títulos (y lo airea), se comportó ayer como un grupo anodino y desesperadamente vulgar. Abúlico en el empate y tartamudo después, con el marcador en contra. Y lo peor es que el tropiezo no parece un accidente, sino una tendencia. Por eso, las desgracias se encadenan hasta el infinito y ya resulta imposible distinguir los errores de los horrores y la falta de planificación del castigo divino.
Así, igual vemos a Helguera arrastrarse lesionado por el campo durante 20 minutos con los cambios agotados que a Ronaldo ser expulsado por llamar "fenómeno" al árbitro, cuando el fenómeno era él, creo. Todo es posible, hasta que Emerson complete otros 90 minutos.
Un aparte. Todo lo que incida en el desastre del Madrid, que es mucho, debe apuntarse en favor del Getafe, que compensó con orden y entusiasmo una diferencia técnica abismal. Y no sólo eso, una vez equilibrado el choque, fue a por él, y luego, ya por delante, tuvo valor para no encerrarse y golpear a la contra. Su mérito es todavía mayor porque las bajas obligaron a tunear el equipo con el objetivo de convertir el modesto utilitario en un temible descapotable con llamas en los guardabarros, capaz de competir en el canal, y de ganar. Una transformación, por cierto, que corresponde al ingeniero Schuster, que dio una lección a Capello y a los que prefirieron aquel brillante pasado a su prometedor futuro.
Enviado el recado, recordar que el entrenador italiano se dejó de inicio en el banquillo a Raúl, que formó una tripleta mortal en la reserva junto a Ronaldo y Robinho. El asunto fue aún más grave. Su resistencia a descartar a Emerson desplazó a Guti a la banda izquierda, donde se sintió marginado y apenas entró en contacto con el balón.
Con este panorama, se repitieron los defectos conocidos. El más básico: Diarra y Emerson no sirven para marcar el ritmo del equipo. Sin un organizador, son caballos sin jinete. Si a eso se añade que no existe profundidad por las bandas y que Cassano ha vuelto a desaparecer (ahora delgado), se explica bien la calamidad general.
Desajuste. El Getafe también tenía sus problemas, no crean. Los mejores centros a la olla provenían del hombre encargado de rematarlos: Pachón. A pesar de ese desajuste existencial, el equipo se dio el lujo de acercarse con peligro en varias ocasiones. La respuesta del Madrid fue monosilábica: su primer y único disparo a puerta (que no entre los palos) llegó a los 18 minutos. Autor: Roberto Carlos. Destino: el cielo.
Cómo debía ser el desastre, que en la segunda mitad Fabio se soltó el Capello y dio entrada a Ronaldo y Raúl, en lugar de Diarra y Cassano. El gesto era como un toque de corneta, un desembarco con las bayonetas caladas. Y sus consecuencias fueron inmediatas: el Madrid pasó de dominado a dominador. Pero no tuvo más repercusión. Guti ya estaba deprimido y la aglomeración de delanteros sin suministros eran cañones sin soldados que los cargaran.
El Getafe se sintió cómodo a la contra y Del Moral puso a prueba a Casillas con un disparo a media vuelta. Ese córner propició el gol. Alexis ganó en el salto a Raúl Bravo, remató con el parietal y le dio efecto con la oreja zurda. Alexis es un gran defensa central.
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Capello agotó los cambios y entró Robinho. Poco después, Helguera comenzó a sentir calambres y empezó a jugar con ese estilo entre agonizante y heroico que tanto le gusta. Emerson se colocó como central. En esos minutos, el Getafe se gustó un poco y perdonó bastante.
En el tiempo que dedicó a su acoso, no se recuerda ni una sola ocasión del Madrid. Sólo un centro de Robinho al que no llegó Guti. Poco antes había sido expulsado Ronaldo, que no podrá jugar contra el Barcelona. A esas alturas, Capello ya no hacía aspavientos. Tal vez cuando pidió 50 días quiso decir 50 días hábiles. Algo habrá que inventarse para seguir creyendo.



