Codina maquilló el caos
Márquez y Fredy dieron la vuelta al gol de Negredo


Puse mucho empeño desde el primer minuto en descifrar el dibujo táctico del Castilla, y una vez que desesperé en el intento llegué a la conclusión de que ni siquiera los jugadores serían capaces de reconocer su ubicación si fueran preguntados. Anoten: Tébar es mediocentro y volvió a cantar como central; Torres es diestro y naufragó en el lateral izquierdo; Valero y Granero nacieron para crear y dirigir pero pierden el tiempo en recorrer la banda; Mata es extremo izquierdo y fue postrado al carril opuesto... Demasiada descordinación para mostrarla en una sola dosis.
Michel aseguró tras la debacle (experiencia que ya vivió el pasado 21 de mayo con el Rayo) que "los errores no tienen nada que ver con la experiencia y sí con la capacidad de cada uno". Esperemos que en esa explicación el técnico también incluyera la suya. Si no, ya me encargo yo.
Con este desbarajuste en el filial y con su portero en plan salvador, el resultado no tiene mayor misterio: derrota. Codina debutaba esta campaña debido a la ausencia de Adán (con la Sub-21) y él maquilló una goleada. Detuvo siete ocasiones claras, pero no pudo evitar que el Castilla cayera a los puestos de descenso para ocupar la plaza que deja vacante Las Palmas.
Las apariencias engañan.
Aún así, el fútbol dio una oportunidad al filial, que se sacudió el diluvio inicial. El Castilla consiguió adelantarse en el marcador fruto de la visión de juego de Valero y del instinto matador (e intermitente) de Negredo.
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La lógica se impuso a la fortuna y el empate no tardó en llegar. Sólo hubo que esperar a que la defensa madridista evidenciara una vez más sus muchas carencias. Así, uno de esos innumerables pelotazos de la zaga canaria, al que todo adversario se enfrentaría con comodidad, se convirtió en una tragada monumental de los madridistas y en un pase al hueco que Nauzet bajó y amortiguó para regalar a Márquez el tanto de la igualada. Pero el circo no cesó. En la segunda mitad, Nauzet recorrió la banda burlándose de cuantos le salieron al paso, centró sin oposición al corazón del área, donde esperaba Fredy para sentenciar.
Sin duda, los jugadores del Castilla deben aprender con celeridad y espabilar porque esto es fútbol profesional y aquí no se perdona. Sólo se condena.



