Sangre, sudor y Maxi
El Atlético no ganaba en casa desde el 16 de abril. El Sevilla no perdía desde hace 16 partidos. Las dos rachas se rompieron ayer. El Calderón se llenó, estrenó redes, los atascos persistieron y nadie recordó los incidentes del año pasado.


Del embudo a La Fiera. Hubiera sido mucho castigo para una afición encendida no poder llevarse la victoria ante un rival con nueve. La gente del Calderón se merecía una noche así y el equipo respondió. El zambombazo de Maxi hizo respirar a un estadio que veía cómo su equipo se desangraba en sudorosos esfuerzos, percutiendo contra una hermética barrera sevillista. La Fiera, como siempre, lo había intentado dos veces antes, pero a la tercera no perdonó. Su gol hizo olvidar el embudo en el que se metió el equipo en la primera parte. La jugada de Torres, coronada por Maxi, hizo que el estadio estallara.
Afición con casco. Lo vi y no me extrañó nada. Un aficionado del Atlético pertrechado con su bufanda rojiblanca y un casco amarillo de obra. Lo que pensé es que, como esto siga así, un día, se olvidará en casa... la bufanda. De nuevo hubo atasco, la impresión que tienes cuando subes las escaleras del Metro de Pirámides es de agon acorralado por vallas, grúas y hormigón. Para bajar al campo zizageas entre hierros y ladrillos y vas eligiendo un lado u otro casi con la gravedad de elegir túnel en el laberinto del Minotauro. El Ayuntamiento replicará que el campo se sigue llenando. Y yo digo que esta afición llena el campo hasta en la Conchinchina.
Bernardino y la ametralladora. El gallego quiso comenzar bien y, en la primera entrada dura, de Luccin a Martí, optó por la solución inglesa. Dialogó con el francés y no le amonestó. Fue la única vez. Después, González Vázquez sacó la ametralladora y sólo en la primera parte mostró nueve amarillas, varias de ellas innecesarias. Encrespó los ánimos de todos y demostró que no sabe dominar un partido.
Ídolo Kun. Torres sigue siendo Torres y para el Calderón su jerarquía sigue siendo innegable pero, con Agüero, Batman ha encontrado a su Robin. Aguirre tiró ayer de populismo (y de sentido común, porque era arriesgado dejar fuera al Kun después de San Mamés) y puso a Agüero. Ya en la presentación de los onces por megafonía, uno se da cuenta de que, en este momento, la afición rojiblanca está dispuesta a aplaudir al chico hasta cuando se ata los cordones.
Palop y las redes. El portero volvía al lugar del crimen, pero ayer tuvo una noche más plácida que aquella del botellazo. Bien es cierto que el Atlético estrenó las redes de seguridad en el fondo sur, lugar que ocupó Palop en la primera parte. En ningún momento la afición la tomó con el meta sevillista y Palop correspondió sin demorar los saques más de lo normal, pese a la ventaja que entonces tenía su equipo en el marcador.
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Pablo descompuesto. No tuvo ayer su tarde el central manchego del Atlético. Y la afición le recordó eso y otras cosas. El Calderón despidió a su jugador con una pitada monumental. La afición es siempre soberana y ayer se comprobó que, en los momentos delicados, sabe estar con el equipo. Espero que con Pablo no se cometa una injusticia.
Al Bernabéu crecidos. Ya viene sucediendo en las últimas temporadas, que el Atlético llega para medirse a los blancos con los ánimos por las nubes y acaba como un globo desinflado. El runrún ayer, al acabar el partido, es que no suceda lo mismo de siempre. El equipo, dijo ayer Aguirre, ha dado un paso importante en confianza. ¿Y si gana en el Bernabéu?



