Y Calderón tocó el traje de El Cid
Al tocar el traje corinto y oro de El Cid, Ramón Calderón se sintió ungido por los dioses de la Bética"


El halo del Príncipe. Ramón Calderón, el presidente blanco, vio claro lo que tenía que hacer en un día tan señalaíto como el de ayer: y a la hora del almuerzo, el presidente buscó la compañía de Manuel Jesús 'El Cid', el torero bético elegido por los dioses para abrir la Puerta del Príncipe de la Real Maestranza, a la caída de la tarde, y con el aval de cuatro orejas Así que Calderón delegó funciones y protocolo en el almuerzo entre directivas y escogió compartir con El Cid los miedos y el aperitivo de unas horas decisivas. Y, al tocar el traje corinto y oro de El Cid, el abogado palentino se sintió ungido por los dioses de la Bética, que teóricamente deberían haber dado escolta al Real Betis Balompié. No esta vez, no con este equipo...
Qué bonito... Eso, "qué bonito, "qué bonito", dijo Ramón Calderón, pero no cuando terminaba el asuntillo de Heliópolis, sino al salir de los toros por la misma Puerta del Príncipe que El Cid iba a atravesar, llevado como un paso de palio, algunos instantes después. Calderón recogió poderes ancestrales en el albero del Baratillo: lo primero que hizo Ramón al llegar, antes de irse al burladero de la Empresa Pagés, fue darse un abrazo con su viejo amigo Ramón Vila: el médico de la Maestranza y el médico preferido de Francisco Rivera: Paquirri, de cuya muerte en Pozoblanco se van a cumplir ahora 22 años. El abogado Calderón y el cirujano Vila fueron los hombres elegidos por Paquirri para resolver su testamento.
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La realidad. Después, ya en el campo del Betis, la realidad puso a cada uno en su sitio. "Nosotros vamos a lo nuestro", diría Ramón Calderón tras vencer en Heliópolis, ya con la preocupación por la lesión de Cicinho. "Estaba previsto perder con este gran Real Madrid", asumió José León, presidente formal del Betis. A Manuel Ruiz de Lopera no se le esperaba ni en la Maestranza (¿pero qué dice usted, maestro...?), ni mucho menos en el estadio que hoy lleva su nombre. Por su parte, Javier Irureta dispuso un Betis con kilómetros entre sus líneas... y el Madrid pinchó la posesión del balón durante dos terceras partes del juego. Capello sólo ha perdido en el campo del Betis una vez (2-0): en 1977, en Recopa, y como jugador del Milán. Pero aquel era el Betis de Cardeñosa, Benítez y Gordillo, y en aquel Milán mandaba Gianni Rivera, el senador del fútbol insolente y elegante. Ay...
Y hoy... Hoy, la Maestranza, entre su silencio de siglos, abrirá de nuevo sus puertas para acoger a Fran Rivera Ordóñez, uno de los hijos toreros del bético Paquirri. Fran es bético. Y seguidor del Madrid. Hoy, El Cid repasará en su Salteras el viaje desde la cima de la Puerta del Príncipe a la sima de la derrota de su Betis. "Pero los béticos sabemos disfrutar y sufrir en silencio", se repetirá El Cid, único triunfador verdadero en la luz equinoccial del otoño sevillano. Cuando Ramón Calderón tocó su traje corinto y oro, el Madrid empezó a ganar en Heliópolis.



