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Agüero se gana al vestuario del Atleti

La cumbia le acompaña allá donde va. Su naturalidad y desparpajo se ganaron pronto al vestuario. Sus amigos son Maxi, Galletti y Leo, también su compañero en las concentraciones. Su familia le arropa, el club también. Le apasiona la Play. En la cancha es un genio. Así es el Kun Agüero fuera.

<b>COMPENETRADO. </b>En apenas unos meses, Agüero ya se ha convertido en la alegría del vestuario rojiblanco. En la sesión de ayer bromeaba con Maniche y Maxi Rodríguez.
Patricia Cazón
Redactora
Patricia Cazón Trapote nació en Zotes del Páramo, León, en 1980. Licenciada en Periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca y Master de El País trabajó en El Diario de León y El País Semanal antes de llegar a AS en 2004. Cronista del Atlético desde 2016, es autora de cuatro libros y tertuliana en El Golazo de Gol y Estudio Estadio.
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Con Los Leales atronando en todas partes. Así fue como Sergio Agüero se ganó al vestuario rojiblanco en apenas unos días. En el Cerro, en los autocares, en los aviones, si Agüero anda por allí se escucha el estribillo de la cumbia que su grupo favorito compuso y cantó para y junto a él. Ese llevo el fútbol en la sangre, es parte de mi alma, vamos Kun Agüero, ya bajito, en sus tarareos, o ya desde los altavoces de su iPod le acompañan siempre.

Con 15 años, un mes y tres días hizo historia en Argentina al ser el más joven en debutar en Primera. Más aún que Maradona. Con 18 añitos recién cumplidos llegó al Atlético como el fichaje más caro de su historia. Y siempre que a un vestuario llega una estrella con tanta proyección, se la recibe con recelo. Pero a Agüero no le costó espantarlo. Le gustan los chistes, las golosinas y los asados. Aunque come mucho, lo quema rápido. No sigue dietas especiales. Le gustan el mate y la lectura. Le apasiona la Play Station. Y los goles virtuales los canta como si fueran de verdad.

Su casa, a 300 metros del Cerro del Espino, se la quedó porque tiene siete habitaciones y podrá albergar a su familia, como en Don Bosco, donde se quedaron su madre y sus cinco hermanos. Acá vive con su padre, Leonel, sus tíos Dani y Maggie y su representante, Gonzalo Rebasa. Allá, aunque no esté, sigue muy presente: habla varias veces al día con su madre. Tiene a su novia de siempre, que estuvo en Madrid hace poco, pero en Argentina le perseguía la prensa rosa. Acá no da motivos. No sale de noche. Lo que le gusta es estar en casa. Con su música, con su Play y con los suyos.

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A su vecino lo conoce bien. Es Maxi. Éste y Galletti son sus apoyos en el vestuario. También está su mentor y compañero en las concentraciones, Leo Franco, y Pernía, y Jurado y Azcárate, y los demás. Con la naturalidad de un niño y la picardía de un potrero, es la alegría del grupo. El otro niño del Atleti. Y quien busque un choque de egos entre éste y Torres, que se olvide. En el coche del Niño también suenan Los Leales. La relación, fantástica. Sus ganas de aprender, también. Cuando el Atlético estuvo de gira preguntaba por todo. Mostró curiosidad histórica. Es una esponja.

Arropado. Su familia le protege y el club le lleva de la mano. Gil Marín, Emilio Gutiérrez, Aguirre. Todos le cuidan. Un ejemplo: soñaba con un Porsche, pero hablaron con él. Por ahora, mejor uno más normalito. Se compró un BMW Serie 3. Y tan feliz. Otro: acepta sin rechistar su suplencia, ni una mala palabra, ni un mal gesto, nada. Es un profesional. Desde chico juega al fútbol para divertirse, pero en la cancha no hay ni chistes ni bromas, sólo fútbol, gambetas, genialidades. Cuando acaba, eso sí, siempre pregunta por el resto de resultados. Y después agarra el iPod y enchufa Los Leales.

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