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Diarra: Un tanque para Capello

Tuvo una infancia muy complicada junto a sus quince hermanos en el suburbio de Medina Coura, en Bamako (Mali). Con 12 años ya jugaba en un equipo de la Segunda División de su ciudad natal. El salto a Europa lo dio en el Vitesse, con Ronald Koeman, antes de fichar por el Olympique.

Diarra es el 'ladrillo' de lujo para el centro del campo del nuevo Madrid
Julio Maldonado
Importado de Hercules
Actualizado a

Salif Keita jugó en el Valencia, fue el primer balón de oro africano en 1970 y también es el presidente de la Federación de Fútbol de Mali. Y tiene en Bamako una escuela de futbolistas en busca de la gloria. Y allí llegó Mahamadou Diarra en enero de 1993. Si hoy ha recalado en el Madrid no sólo es por su potencia y sentido táctico, sino también por su decisión para afrontar el riesgo como luego veremos. "Llegué con lo puesto al OFI Creta y no me encontré más que blancos, estaba en otro mundo", declaró a France Football ya como estrella indiscutible en la Liga francesa. Eso y mucho más tuvo que pasar para que llegara a la cima este atleta nacido en Bamako el 18 de mayo de 1981. Una infancia complicada junto a sus quince hermanos (¡sí, quince hermanos!) en el suburbio de Medina Coura, salpicada por su pasión por la pelota. Y en cuanto empezó a mostrar su nivel se le llamó Djila en homenaje a una estrella malí del pasado.

Con 12 años entró en la escuela de Keita y ya se especializó en el mediocentro, por su facilidad para recuperar y pasar en corto. Esa es la cualidad que le ha llevado al Real Madrid de Fabio Capello, y la que le convirtió en pieza clave en el mejor Lyon de la historia. Y siempre con resultados.

Progresión.

Pero con 12 años esos sueños parecían muy lejanos. Ya jugaba en la Segunda División malí en el CSK de Bamako. Aquellos eran partidos en los que no había límite de edad, con toda la dureza imaginable. Titular ya por entonces, el equipo ascendió a primera y a Diarra se le ofreció la selección sub-17, con la que llegó a la final de la Copa de África juvenil de 1997. Meses más tarde el equipo llegó hasta los cuartos de final del mundial sub-17 para perder ante Alemania. En Egipto, y mientras Ronaldinho emergía con Brasil con el título, Diarra era el motor defensivo de una selección de Mali que solamente fue derrotada por penaltis, un equipo en el que estaban Sega Diakite y Seydou Keita como otras estrellas.

La progresión de Diarra era imparable, y, un año más tarde, su CSK de Bamako se proclamó subcampeón de Mali. El fútbol de su país se le había quedado pequeño, y ahí entró en juego Arouna Diarra, que ya jugaba en el OFI Creta y recomendó a sus dirigentes que contrataran a ese mediocentro potente y aún por pulir que jugaba desde los 16 años entre profesionales. Fichó, se fue a Creta con su hermano para no encontrarse solo y jugó casi todos los partidos, aunque pocas veces como titular. Un fútbol del todo profesional, una cultura muy distinta a la suya propia y cuatro goles en los 21 partidos que disputó, dos en liga y otros dos en Copa.

Una gran Copa de Africa sub-20 con partido de clasificación inolvidable y un tercer puesto en el Mundial sub-20 de Nigeria le habían puesto ya en el escaparate de forma definitiva. Llegaron las ofertas. El Manchester United y el Barcelona, clubes que rechazó convencido de que no tendría ninguna opción de jugar. Se decidió por el Vitesse por varias razones. La verticalidad de la Liga holandesa, la poca presión en un equipo sin grandes aspiraciones y, sobre todo, el técnico Ronald Koeman. Había llegado al Vitesse para sustituir al alemán Neumann, se enamoró de su juego desde el primer día, y le trató como a un hijo. Técnico, amigo y padre a la vez como siempre declara Mahamadou Diarra.

Salto al Lyon.

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Con Koeman aprendió más aún, y fue elegido jugador revelación en su primera temporada en la Eredivisie holandesa. El Vitesse terminó sexto, Diarra fue indiscutible y afrontaría dos temporadas más en un fútbol que también se le quedó pequeño. Cuando Koeman se marchó al Ajax pretendió llevarle, pero el Lyon ganó una batalla en la que también estaban inmersos el Lazio, el Arsenal y el Paris Saint Germain. Seis millones de euros le costó al presidente Aulas la operación, y el Olympique de Lyon le quería para reemplazar al desaparecido Marc Vivien Foe, traspasado al Manchester City. Se convirtió en el segundo jugador que había nacido en Mali que vestiría la camiseta del Lyon tras el gran Jean Tigana y no tardó en imponerse.

Necesitó medio año para adaptarse y después se consolidó como titular indiscutible, primero con Essien por delante y después ya sin él. Ganó cuatro títulos de Liga consecutivos y sufrió tres tropiezos en los cuartos de final de la Champions ante el Oporto, PSV y Milán. Esa barrera pretende romperla por fin en el Real Madrid. Capello le quería y no ha parado hasta que le ha conseguido. Un ladrillo de lujo en el muro del italiano.

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