El Zaragoza le roba la pelota a Totti
Los de Víctor merecieron el triunfo ante el Roma. Zapater devoró al ídolo local. Aimar no jugó


No se sabe si el Roma, con su alineación cinco estrellas y un dios, de melena rubia y zurda sedosa, salió de vestuarios o de toriles. Sus primeros minutos fueron de una intensidad apabullante y el cóctel conseguido con su fanática hinchada hacía que las piernas temblaran en las tribunas... Se temió por el efecto que esta primera explosión pudiera tener sobre el equipo, sin Aimar por unas leves molestias en la rodilla y con la ya sabida baja de Diego Milito, pero el Zaragoza respondió con madurez, con alguna desatención en la defensa de las faltas laterales en los instantes iniciales, cierto, pero con la determinación de quien quiere ser protagonista y la certeza de quien sabe cómo hacerlo.
Ewerthon y su desenfocada zurda crearon el primer silencio en un estadio que ya se estaba aclarando la garganta dos horas antes de la función y que no perdió el tono en ningún momento. La jugada arrancó de un robo de D'Alessandro en el círculo central, de esos que anuncian peligro a 50 metros de la portería porque el escenario se despeja. Mandrake conectó con Sergio García y el fútbol ciclópeo de éste volvió a encontrar la evolución correcta: asistencia en profundidad a Ewer perfilándolo para disparar con la izquierda... Y ya se sabe que al insaciable brasileño no le miden igual las dos piernas. Fuera, sí, pero la tormenta había parado a los diez minutos.
El conjunto aragonés ganaba peso en cada minuto. Óscar, activísimo, no necesitaba respirar. D'Alessandro se esforzaba por conectar con los delanteros y por cubrir el vacío del Cai. Ponzio y ZP mandaban en el centro del campo con la escoba en una mano, Juanfran corría la banda sin desmayo y Piqué no era un extraño en el lateral derecho, aunque le rebajó toda la profundidad posible a la posición y armó una línea temporal de tres centrales que ahogó a Mido y le cerró los caminos a Totti, ídolo de media Roma y de casi toda Italia.
El Zaragoza dibujó ayer una paradoja: cuando menos argentinos estaban disponibles, sin Aimar y sin Diegol, más se acercó su propuesta a la de la selección albiceleste en el pasado Mundial. Pekerman preparó entonces una retaguardia con un central actuando de falso lateral derecho (Burdisso o Coloccini), y la banda izquierda monopolizada por Sorín al enganchar Riquelme hacia el centro para colaborar en la creación. Claro que la mímesis sólo duró tres cuartos de hora. Porque tras el descanso Cuartero sustituyó al catalán, pero si se cambian los nombres y el acento, el resultado sigue siendo un calco.
Óscar, en su mejor versión en mucho tiempo, conectaba con D'Alessandro y su sociedad nutría a los delanteros y creaba un desequilibrio evidente. Spalletti, técnico romano, confió en el solvente y despejado De Rossi para la zona central, con Perrotta a un costado y Mancini, el afilado pero único puñal romano, a otro. Al asociarse Óscar y Andrés, Aquilani tuvo que retrasar su posición y el citado Perrotta, centrarla. Resultado: Totti fue devorado por Zapater y ya no salió en el segundo tiempo, mientras que Juanfran percutía por su iluminado carril.
La inminente llegada de Diogo puede, incluso, venir acompañada por la solución al enigma: ¿si el uruguayo ocupa el lateral derecho y Ponzio e incorpora al centro del campo, quién sale de la foto? Prescindir de Celades, de su toque aseado y lectura fácil, siempre parecerá un lujo, pero también lo sería dejar a un lado las ventosas de Zapater y los tres pulmones del rosarino. Llegaron a coincidir ayer los tres sobre el terreno de juego, fue con Celades acostado a la izquierda y en una propuesta viable aunque menor.
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El fondo romano perdió la voz entre bengalas y petardos para dar paso a las órdenes constantes de Víctor, atento y casi entusiasmado con el rendimiento de su equipo. Sólo volvieron los rugidos para celebrar la llegada al palco del peruano Pizarro, recién fichado al Inter, y para lamentar una ocasión inmejorable que desperdició Mancini tras ganarle la espalda a Sergio Fernández.
Lafita se armó de valor en los últimos minutos para pelear contra toda la defensa romana y para no perder la audición entre explosiones inadmisibles en el gol de los ultras locales. Se rozó el triunfo con una internada suya por la puerta derecha del área, la que siempre abre y por donde casi nunca se le dirige. El Zaragoza se dirige a la Liga, ya no hay escalas y, tras el feliz ensayo de ayer, se perdieron las dudas.



