52º Trofeo Carranza | Villarreal 1 - Real Madrid 0

Un Madrid de chirigota

Capello permitió jugar al patadón y el equipo rozó el ridículo. Riquelme sentenció de falta. Sólo Robinho intentó agradar, pero aquí falta un Kaká

Riquelme marcó de falta directa
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Capello está obligado a hacer una profunda reflexión. Lo que tiene entre manos es el Real Madrid y debe respetar su historia y a su público. El infumable fútbol que exhibió el equipo blanco en Cádiz no es digno de las expectativas. Y tampoco la aparente desidia del técnico, atrincherado en el banquillo, imperturbable, pasota... Luego me dirán que si abronca, que si es mister látigo. Pero eso son poses para la galería. Lo urgente es que se remangue y establezca un estilo de juego más vistoso, que apueste por el balón y se olvide de los pelotazos sonrojantes. El Villarreal ganó con poco. Bastó un inteligente lanzamiento de Riquelme y cierto orden en la estructura general del 'submarino amarillo' para empujar a este Madrid de chirigota a un cuarto puesto en su regreso al prestigioso Carranza.

El modelo Capello no puede ser lo que se ha visto en Cádiz. Es imposible que el técnico acepte tanto patadón, tanta imprecisión, tal apelotonamiento de jugadores por el centro y una alarmante falta de jerarquía en la ruta del juego. No hay un líder (un Zidane, por ejemplo) que traslade el balón con criterio, por lo que se suceden tropezones, enganchones, acciones de patio de colegio y pases bobos.

En esa atmósfera sólo sobreviven los pegadores y se ahoga el talento. Ahí es donde mueren Raúl, Robinho, Van Nistelrooy, Beckham y hasta Javi García, un chaval que ha pasado sin pena ni gloria por este Carranza cuando venía precedido de un gran cartel. De mitad hacia arriba el Villarreal ganó todas las batallas con comodidad o a veces con dureza, pero siempre con un paso por delante porque el Madrid era previsible. Bastó con la serenidad de Riquelme, el aplomo de Senna, la solvencia de Cani y la emergente figura del joven Somoza para dominar los espacios y no perder jamás el mando del partido. Contundencia atrás y fluidez adelante, así de fácil.

Sin ideas.

El Madrid fue terco en volcar el balón sobre Salgado, Emerson, Roberto Carlos y Sergio Ramos. De ahí era imposible que saliera algo decente que pudiera rematar Van Nistelrooy y no digamos Baptista, que hizo de voluntarioso nueve en la segunda parte con éxito cero. Sólo Robinho endulzó la tarde con sus arrancadas, aportando ese aire fresco que reclama el público. El chaval perdió casi todas las batallas, pero indicó a Capello la senda por la que debe moverse el equipo. Sí señor, se necesitan jugadores atrevidos, capaces de encarar y arriesgarse a perder la pelota sin miedo a la bronca del banquillo. Cassano también es así, pero le falta el encanto del brasileño. Y si no, que venga Kaká y lo arregle, con permiso de Capello, que lo mismo lo deja de suplente.

Entre patadones y turbulencias se movió el Madrid en la primera parte, que presentó en la portería a Diego López, un chico que está alargando su sombra de manera muy amenazante sobre la titularidad de Casillas. El Villarreal tampoco metió la quinta marcha, contribuyendo a redondear un partido plomizo, cargado de errores hasta el descanso, que la grada pidió a gritos para aliviarse del tormento.

Capello decidió tomar cartas y consiguió empeorar la situación. Increíble, pero cierto. Metió a Baptista de ariete, a Cicinho de lateral y ¡a Mejía con Emerson en el doble pivote! Decididamente el técnico renunció a establecer un compás armónico de juego. Entregó el equipo a lo que fuera capaz de hacer Beckham. Y ya sabemos que el inglés tiene cosas buenas, pero lo de ser 'cerebro' no es lo suyo.

Llegó el gol.

Así ocurrió que el Villarreal agradeció la falta de combatividad del enemigo para estirarse con suavidad y firmeza, burlando los falsos candados que eran Mejía, Woodgate, Cicinho y hasta Sergio Ramos, desfigurado como todos en este enredo.

Y en una de esas Riquelme dejó como una estatua a Diego López, tocando con suavidad una falta que prolongó Helguera (¡mala suerte otra vez!) hacia la red. El estadio se rindió a la evidencia y coreó con ¡olés! el rondito del Villarreal a costa de un Madrid impersonal y de un Capello imperturbable. ¿Pensará que esto lo va a arreglar Diarra?pellegrini

capello

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Robinho sufrió diez faltas

Su buena primera parte fue de lo poco que se pudo salvar del Madrid. La defensa del Villarreal sólo pudo pararlo a base de faltas. Recibió diez en todo el encuentro, y de ellas nueve fueron antes del descanso. Forzó la tarjeta amarilla de dos de los futbolistas del cuadro castellonense, Cani y Josemi. El torneo que el brasileño ha realizado ha sido notable en su vuelta al Carranza.

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