Dani revienta los blindajes
El Betis pone en evidencia a la defensa del Madrid. Cannavaro sorprende con un golazo. En los penaltis de desempate falló Roberto Carlos

El Betis dio la campanada en el Carranza y es hoy finalista de mérito tras pelear en duelo abierto con un Madrid ahogado en sus propias dudas. La eliminatoria se decidió en la tanda de penaltis, donde falló quien jamás tiene que fallar, Roberto Carlos, en lo que puede ser el mensaje global del partido: Capello no ha conseguido poner el reloj blanco en hora y sigue perdiendo aire por donde solía, por la defensa. Tres goles en contra hacen sonar todas las alarmas de un buque que se presumía acorazado y que, de momento, ha sido tocado y hundido por los torpedos de Irureta.
El Betis obliga a abrir los ojos a este Madrid tierno, tiernísimo. Capello se mueve con una idea de equipo bastante clara, próxima a la alineación inicial, donde ayer Javi García fue la esperada novedad en el doble pivote. El chico es buen futbolista, de firmeza con el balón y físicamente portentoso, pero la empresa de llevar hoy a hombros al Madrid le desborda. Y más aún si no se siente acompañado por delante, donde Raúl asoma la cabeza cuanto puede, con dignidad, pero sigue a años luz de su máxima potencia. Y esto, considerando que ayer el capitán revolvió cuanto pudo, hasta el punto de acertar a meter la punta de la bota para marcar su golito, que fue el segundo al borde del descanso. Aunque hizo más que Cassano, sólo voluntarioso, y Van Nistelrooy, que no ve puerta si no es de penalti, en este caso 'regalado' por una mano inexistente de Romero.
Pero la fiesta la empezó y la acabó el Betis, mucho más metido en el Carranza que el Madrid. La mala noticia para Capello apenas tardó siete minutos en aparecer. Créanlo, pero Edu le hizo el roto a Cannavaro y Ramos en pase cantado entre líneas y llegada en diagonal de Dani. Qué eléctrico es este chaval y qué desparpajo tiene. No sólo se escapó como una liebre por el carril central, sino que ganó el mano a mano a un especialista, Iker Casillas, que durante todo el partido y en los penaltis fue un agujero. Pero en ese instante, en el primer gol, falló todo lo que Capello apunta en su pizarra como indispensable. Nadie presionó al lanzador, Edu, y a la vez la línea de cuatro reculó tan erróneamente como en los viejos tiempos, dando metros para la entrada de Dani.
Y el segundo capítulo de la cara oscura del Madrid fue otra ración de inseguridad en el segundo gol verdiblanco, ya en la segunda parte, con parámetros similares. Assunçao puso un balón de falta en el segundo palo y allí parecieron dos delanteros completamente solos para dejar en bandeja a Dani, que terminó de sonrojar a la poblada zaga madridista, incluido Casillas, que seguía muy despistado.
La muralla se terminó de derrumbar con el tercer gol del Betis, en un penalti cometido por Helguera en el último minuto, mostrando su impotencia y falta de frenada ante Edu. Helguera entró al campo diez minutos para soltar piernas y reivindicarse, pero lo que hizo fue echar otra palada de tierra sobre su disolución deportiva.
Naufragio.
En definitiva, el blindaje de máxima seguridad de Capello estalló por los aires, dejando en entredicho las anunciadas garantías de que el Madrid es, sobre todo, un equipo con cemento armado atrás. Conclusión: el Madrid está lejos de disfrutar de la debida precisión defensiva y lo mismo el técnico italiano tenía razón cuando clamaba por Diarra. Pues ya tiene a Diarra en su vestuario y para el futuro no habrá excusas.
En este relato del naufragio madridista se debe otorgar cuanto antes su parte de mérito al Betis. Ojito que Irureta ha armado un equipazo, equilibrado en fuerza y seguridad. El futbolista-impacto en Cádiz se llamó Maldonado, por su contundencia y solvencia entregando el balón, junto a las confirmaciones de un Rivera entonado, un Assunçao muy centrado en la tarea de apuntalar desde la medular y, sobre todo, un tridente fiero con Joaquín, Edu y Dani que partió en dos al Madrid. Joaquín se entregó en una especie de dedicatoria al pueblo bético, pues bien sabía que tenía ya un pie en el Valencia.
Es verdad, probablemente, que el Betis está más maduro que este Madrid innovador y de ahí sacó los bríos para remontar el tercer gol madridista, que llegó antes en un arreón de Cannavaro. Curioso pero cierto: con una artillería de lujo en el terreno de juego, la bala certera fue del central, que no es un central cualquiera, claro. El campeón del mundo enganchó un chut seco desde fuera del área que advierte de las muchas alegrías que esta temporada va a dar a su parroquia.
Responsabilidad.
Y acusemos a Capello de hacer muchas pruebas, si acaso hasta demasiadas, considerando la enjundia del torneo gaditano. El italiano ha de asumir su culpa en el resultado final por desfigurar el esquema de juego con un carrusel de sustituciones. Vimos en la segunda parte a Sergio Ramos en el lateral derecho, con Cicinho por delante, Robinho entró por la izquierda por Cassano y Beckham compartió con Emerson el doble pivote. Pocas cosas funcionaron colectivamente, aunque la calidad de los protagonistas mantenían al ejército blanco como aparente ganador del choque.
Pero Capello quiso tener un detalle de compromiso con Iván Helguera, que entró frío al campo y cometió la imprudencia de la noche en el último minuto. Su penalti a Edu fue el adiós a la final del Ramón de Carranza y el gran chasco del Madrid en esta pretemporada. En la tanda final, Roberto Carlos pegó el petardazo y a Casillas ni se le vio, no apareció en todo el partido.capello
irureta
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