Amistoso | Nástic 0 - Zaragoza 1

Una derrota inmerecida

Un dudoso autogol ajustició a un convincente Nàstic

<b>NO PUDO SER. </b>Portillo marcó el gol del empate, pero el árbitro, a instancias de su asistente, lo anuló por fuera de juego.
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Para los resultadistas, el Nàstic perdió ayer 0-1 contra el Zaragoza. Para los optimistas, el Nàstic plantó batalla al subcampeón de Copa, que ganó con un gol en propia puerta que no llega a entrar.

Dos lecturas distintas, igualmente válidas, pero, si se me permite, me decantaré por la segunda. Porque el Nàstic sólo fue inferior al Zaragoza los primeros 20 minutos. En ese tiempo, el equipo de Víctor Fernández dominó, se aprovechó del excesivo respeto local y, por qué no decirlo, de un gol en propia meta. Fue a la salida de un córner, remató Lafita y el balón rebotó en Morales. El resto ya lo sabrán ustedes. A partir de ahí, el conjunto blanquillo se dedicó a especular con el resultado. A partir de ahí, valga la redundancia, todo quedó en un mano a mano César-Nàstic.

Una imagen en el minuto 20. La de Buades hablando con Luis César. El de Benimodo aprovechó que el juego estaba parado para pedir luz a su técnico. Y algo ocurrió ahí, porque el Nàstic le perdió el respeto al Zaragoza. El mismo Buades, cerca del 30', se inventó un centro desde la izquierda que remató Portillo. César hizo el primero de los muchos paradones que ayer realizó. El Nàstic llegaba más (la zurda de Juan es como el revés sedoso de Roger Federer) y ello obligó al Zaragoza a rascar un poquito más. Cuartero vio la amarilla, mientras que Piqué y Milito empezaron a emplearse a fondo. Luego, carrusel de oportunidades en grana. Primero Llera (a mitad de temporada no lo hubiera fallado) y después Morales. Nada. Ayer era el día de San César. Era desesperante. Al Nàstic, en este primer acto, se le vio bastante entero. No así el Zaragoza, que tuvo que realizar seis cambios para dar aire a los titulares.

Misma tónica.

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La segunda parte deparó más de lo mismo. El respeto grana hacia el Zaragoza se había diluido a los 20 minutos de la primera. Hacia el minuto 66, el que más gusta a Luis César para hacer los primeros cambios, se movió el banquillo grana. Makukula, Irurzun, Cuéllar... y Merino. El vasco subió, bajó, defendió, atacó e incluso no se cortó a la hora de dejarle las cosas claras a D'Alessandro. Porque sí, entraron él y Aimar, pero su partido no pasará a la historia. Merino dio oxígeno al Nàstic. Después debutó Gil, el brasileño. Dejó detallitos, al igual que Makukula. Ambos prometen. Con unos entrenamientos más...

La posesión de balón era del Nàstic, con oportunidades constantes de Irurzun, Cuéllar (generoso en ataque y en defensa) y Makukula. Pero el balón no entró. Eso es hoy lo de menos. Pero no lo será dentro de diez días en Montjuïc. El juego del Nàstic gustó ayer a las dos mitades del mundo, sean resultadistas u optimistas. Falta algo de gol y suerte. Pero en esta vida todo llega.

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