Un crack con todas las letras
AGÜERO. Con 15 años debutó en Primera, superando a Maradona como el más joven de la historia en hacerlo. Le llueven las comparaciones con Romario. De familia humilde, aprendió a jugar en la calle. Fue elegido el mejor jugador de la Liga argentina con Independiente la temporada pasada.


Òscar Ruggeri dirigía a Independiente aquella noche del 5 de julio de 2003. Enfrente, San Lorenzo. Un crío de 15 años, un mes y tres días superaba nada menos que a Diego Armando Maradona como jugador más joven en debutar en la Primera División argentina. El Kun Agüero, con el número 32 a la espalda de la roja de Independiente que un día vistió el gran Bochini. Aquella noche desbordó un par de veces, pidió siempre la pelota, nunca se escondió. Casi le regala un gol a Pekarnik y no salió por la puerta grande de milagro. Pero sí dejó claro que allí había una joya. Aquel día adelantó por la izquierda no sólo a Maradona, también a Bochini, Aimar, Saviola, Tévez e incluso Pedernera, que debutó con River a los 16 años, ocho meses y trece días en 1935.
Sólo tres años después Sergio Agüero es junto a Leo Messi la gran esperanza joven del fútbol argentino, ya cumplió su sueño de jugar en Europa, fue campeón del mundo juvenil en Holanda 2005, espera tranquilo la llamada de Alfio Basile para la selección absoluta, le llueven las comparaciones con el gran Romario y tuvo ya tiempo de volver locos a todos los defensores de Argentina. La gran mayoría se retira sin haber conseguido ni la mitad y él acaba de cumplir 18 años.
Los inicios. Nació en Flores, segundo de siete hermanos pero primer varón, a los cinco años jugaba en el club de su barrio Loma Alegre de Quilmes, y no hace falta que explique que a esa edad nadie le enseñó nada. Sus arrancadas, sus desbordes, su cambio de ritmo, su inteligencia, todo eso no se aprende. Dos años más tarde siguió asombrando en equipos de lo que se conoce en Argentina como baby fútbol. En el Primero de Mayo, en Defensores de Belgrano, en Defensores del Monte, en Crucecita Este, y así hasta que a los trece le tocó dar el paso al fútbol grande. En realidad y mientras disfrutaba con los críos de su edad ya se había iniciado en el fútbol once, porque como declaró a El Gráfico hace un par de años "de lunes a viernes, todos los días, me pasaba horas y horas jugando a la pelota. Volvía del colegio y me iba a la calle hasta las ocho de la noche".
Lo cierto es que en la cantera de Independiente casi ni tuvo tiempo de lucir. Llegó con nueve años, rápido se hizo con el diez de Bochini y fue su propio ídolo quien lo apadrinó en cuanto lo vio en las inferiores. Ya había sucedido con Gustavo López, otro de los grandes talentos de Independiente en los últimos tiempos. Varias giras, muchos desbordes y un título de campeón nacional con la novena, la de los más pequeños. Y un inolvidable partido ante Excursionistas, en el que marcó seis goles con sólo once años. Aun hay quien lo recuerda en los pasillos del club. Desde ese momento estuvo en el punto de mira de todos los técnicos que pasaban por el primer equipo.
Tuvo un amago de marcharse cuando su padre Leonel a punto estuvo de emigrar por trabajo a Tucumán, pero la directiva de Independiente estuvo rápida y le contrató como utillero de las inferiores. Todo por el Kun. Ruggeri le hizo debutar y poco después le marcó un gran gol a Estudiantes, con una arrancada y un frenazo en el área marca de la casa y un toque sutil definitivo. Las alarmas se habían disparado en toda Suramérica.
Imparable. En cuanto se marchó Insúa le ofrecieron la camiseta con el 10, la de los elegidos. Y con ella llegaría aquel golazo ante Argentinos Juniors, con un autopase varios metros fuera del área y una velocidad asombrosa en pocos metros. O aquel doblete a Rácing justo en la portería de la Guardia Imperial, la hinchada más apasionada de la Academia, el más odiado enemigo de Independiente. Y el baile al central Crosa en otra goleada 4-0 al propio Rácing.
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Elegido mejor jugador del campeonato por el diario Olé en su primer año, dejó Independiente con un sabor agridulce. Ídolo indiscutible, no pudo despedirse de su hinchada por una sanción y además quedó fuera de la lista de Pekerman para el Mundial, una decisión difícil de entender. Boca le quiso firmar hasta 2010, luego llegaron las ofertas del Chelsea, del Liverpool, del Bayern, los coqueteos con el Real Madrid. Al final el Atlético estuvo más listo y firmó la que puede ser su contratación más importante de la última década.
Un día César Luis Menotti le etiquetó con aquello de Chapulín colorado. Lo de Kun venía de más atrás, y poco tiene que ver con el fútbol. Wanpaku Omukashi Kum-Kum es un dibujo animado japonés, un crío que vivía en la prehistoria en las colinas, cerca de la montaña del fuego. Allá por 1990 para Agüero era todo un tranquilizante, hasta el punto de que su abuelo le empezó a llamar Kum. Y de ahí a Kun, sólo un paso. Bienvenido a España, Kun. Disfrutaremos de tu fútbol.



