Robinho es el espectáculo
El brasileño revolucionó el partido, marcó un golazo y dio otro aire al Madrid Van Nistelrooy se estrenó

Alguien tenía que dar un golpe en la mesa y fue Robinho. Alguien, atrevido y algo burlón, estaba obligado a romper el monocorde juego del Madrid en Salt Lake y fue el 'Pele chico'. Alguien, no podía ser otro, debía ofrecer al público el show que esperaba, el espectáculo por el que había pagado o por el que, ilusionado y expectante, había renunciado ayer a la bendita siesta. Robinho, con sus bicicletas, su baile sobre el balón y el sentido vertical de sus acciones reclamó a Capello un sitio en el once inicial. Y es de ley que se lo de el italiano, porque al equipo blanco le falta alegría, improvisación y capacidad de asombro. Le falta el buen Zidane y hasta la fecha sólo el brasileño tiene cosas que nos lo hacen recordar.
Otra vez vimos la misma película americana: un Madrid numantino atrás con Cannavaro, Ramos y Emerson impecables en la recuperación y con muchas dificultades para hilvanar con velocidad en los metros finales. Raúl sobrevivió con comodidad en una red táctica muy compacta, pero el capitán aún no traspasa la pared. A Pablo García le dio Capello el equipo y ocurrió lo previsto: pasecitos cortos y repertorio de juego sucio. Alguno confunde la presión que reclama el mister con dar cornadas en la femoral al rival.
En este marco bastante plano de tendencia al bostezo, el brío lo puso Cicinho, a quien Capello ya otorga rango titular lanzado desde el puesto de Beckham. Y no se equivoca mucho el técnico, porque el brasileño es más punzante por abajo que el inglés y aporta más variedad de jugadas. Dicen que Becks es buen socio de Van Nistelrooy por los pases de rosca al área, pero lo mismo Capello rompe esta sociedad que venía del Manchester. Lo tiene muy madurado y Beckham empieza a estar cerca de ser fijo en el banquillo.
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¿Y Cassano? Camuflado. No estuvo de nota, más bien disperso. Pero en una aparición de energía y astucia sacó el claro penalti que después Van Nistelrooy convirtió en su primer gol como madridista. Cassano pasó al olvido tras el descanso cuando el inquieto Robinho pisó ese territorio, apoyado en un Baptista que le dio vida con su potencia y ante un Salt Lake que se quedó con diez por un entradón absurdo de Harris a Ramos.
Robinho arrancó las ovaciones del estadio con algo tan sencillo como es encarar, driblar y tirar. Alguien, decíamos, debe rebelarse contra un modelo táctico en el que todo es previsible. En Estados Unidos, donde casi nadie sabe de fútbol, sí son especialistas en lo que se considera espectáculo. Y todos los aplausos fueron dedicados a Robinho. Por algo sería.



