Adiós al Imperio del Caos
El Nàstic puso fin a un periplo marcado por el delirio organizativo


La expedición del Nàstic se despidió el sábado de 13 intensas jornadas en Austria, poniendo fin a la primera estadía del equipo fuera de nuestras fronteras. Si en el mundo del fútbol ya es habitual que dos semanas den para mucho, el periplo grana por el centro de Europa ha deparado decenas de contratiempos, que de alterar la planificación inicial poco a poco acabaron por mermar las fuerzas de una plantilla de Primera.
Para comenzar con toda esta historia, la expedición ya sufrió el primer día: después de más de diez horas de viaje por carretera y aire desde Tarragona, llegaron al hotel de concentración en Launsdorf, en la cerrada medianoche. Alguno incluso dijo que aquello parecía "la casa de Heidi".
Lo que no sabían es que les esperaba el hotel de los líos. Semanas antes, el club había pactado en una lista escrita con Futbol Empire, la organizadora de la estadía, y con las autoridades locales una serie de condiciones. Pero muchas jamás se cumplieron: ni aire acondicionado, ni cortinas para proteger del sol (que salía a las 6:00), sin hielo para las lesiones, sin prensa diaria ni un canal de televisión en español, y con un perro deambulando por la cocina, cuya inquilina no entendía que la dieta de un futbolista de primer nivel no debe contener salsas. Lo apalabrado se fue al garete.
120 kilómetros al día.
Pero lo peor estaba por llegar. El campo de entrenamiento no estaba a 20 metros del hotel, como se le había asegurado al Nàstic, sino que se encontraba a 15 kilómetros. Para más inri, el autocar debía adoptar una ruta alternativa porque no pasaba por un puente. Como consecuencia de ello, cada día los jugadores recorrían 120 kilómetros sólo para ejercitarse. Y eso sin contar las veces, al menos dos, que se encontraban cerrado el campo del Treibak, o cuando debían entrenarse en un anexo, por no hablar de un día en el que tuvieron que cambiarse dentro del autocar porque los vestuarios estaban ocupados.
Y entonces llegó el circo de los partidos. En principio, todos iban a jugarse en el Jacques Lemans Arena de Sankt Veit, a 14 kilómetros del hotel. Sin embargo, el primero tuvo que disputarse a 235 kilómetros, en plenos Dolomitas italianos, y no sólo ante el Treviso como se esperaba, sino que también ante un Tercera, el Südtirol. En el segundo, que sí se jugó en Sankt Veit, pudo ocurrir una desgracia: 50 tifossi invadieron el campo desnudando a los jugadores del Catania y provocando el final anticipado del choque (que determinó no el árbitro sino un responsable de Futbol Empire), pues al menos dos de ellos portaban navajas y habían sido detenidos días ante en Austria: sólo dos policías custodiaban la seguridad del campo.
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Y el tercer partido fue la gota que colmó el vaso del esperpento. El rival pasó de ser el Lazio al Palermo, de éstos al Valladolid, y finalmente fue la débil selección de Kuwait, y no en Sankt Veit sino a 200 kilómetros, al pie de una estación de esquí. Por si fuera poco, ambos equipos llegaron a la hora del inicio del choque, que se emitía en directo por el Canal 33.
Por último, nunca se jugó el partido ante el Karnten. Ni se produjeron las prometidas jornadas gastronómicas en Klagenfurt por el hermanamiento con Tarragona. ¿Los motivos? Nunca se supieron.



