Víctor abandona el doble pivote y reúne tres puntas


La nueva era en la que vive el Real Zaragoza ha cruzado la línea de banda y también pisa con firmeza el terreno de juego. El conjunto aragonés propone un nuevo perfil, más angulado y seductor. Tras muchas temporadas cosidos al doble pivote como patrón, un sistema que asomó hace más de una década en el panorama mundial como paradigma del equilibrio y que terminó abrigando demasiado el espíritu de los equipos, Víctor Fernández libera el cuello y muestra escote en el inicio de su celebrada vuelta.
Su propuesta de partida, atrevida y moderna, quedó clara tras el primer partidillo que ordenó ayer entre sus jugadores en la concentración de Boltaña. La plantilla se dividió en dos conjuntos, de manera más o menos aleatoria, y ambos dispusieron un inconfundible 4-3-3, silueta del último Barcelona campeón, corriente vanguardista y aspiración para un grupo que quiere privilegiar el toque y convertirlo en su lengua materna.
La nueva expresión reduce arrugas y rejuvenece el alma: libera un ancla, acompaña al armador de juego con dos cómplices en la creación y reúne tres puntas para darle cuerpo al ataque, dos le conceden amplitud próximos a la línea de banda y la referencia barre el frente de ataque tratando de asociarse y darle continuidad y sentido al avance.
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El dibujo y su análisis alimentan la palabra mágica: el triángulo. La esencia de esta idea consiste en encontrar tres vértices o futbolistas en la zona del campo donde transite el balón, de manera que una rápida y precisa circulación desautorice el intento de presión rival. Siempre creciendo en la ofensiva a uno o dos toques como máximo, otra de las obsesiones del técnico aragonés.
Ponzio actúa de lateral derecho hasta que llegue Diogo u otro refuerzo pero será el medio centro titular, Zapater sería su socio por la derecha y el otro costado aún no se descifra; D'Alessandro armará el ataque por la izquierda, mientras que Ewerthon probó como 'nueve', igual que Diego...



