Ricardo para a Inglaterra
El portero portugués, que detuvo los lanzamientos de Lampard, Gerrard y Carragher, clasifica a su selección para las semifinales de un Mundial, algo que no sucedía desde 1966. Cristiano Ronaldo transformó el penalti decisivo.


Inglaterra, la creadora de este invento, volvió a quedarse a once metros de estar entre los mejores del mundo. Como ya sucediera en la última Eurocopa, perdió en los penaltis contra Portugal, que se llevó un premio excesivo para lo que demostró sobre el césped. Durante los 120 minutos, a los portugueses les faltaron ideas y ambición para superar a un rival que jugó la última hora con uno menos. La suerte les sonrió en los penaltis y Portugal vuelve a unas semifinales 40 años después.
Esta selección inglesa mezcla el espíritu tradicional del fútbol inglés con un nivel técnico más que notable en la mayoría de sus jugadores. Sin embargo, Sven-Göran Eriksson no ha sabido nunca aprovechar al máximo esa combinación. Inglaterra se va de Alemania con la sensación de haber perdido una oportunidad de hacer algo grande.
Los enfrentamientos de cuartos, como los de octavos o las semifinales, son pequeñas finales, guerras tácticas que convierten los partidos en un tablero en el que la estrategia y el miedo a perder ocupa el lugar que debería corresponder al fútbol, que apenas ha aparecido en el Mundial desde que se acabó la primera fase. Quien controla los nervios y mantiene la cabeza fría tiene mucho ganado y eso es algo que no va con futbolistas como Wayne Rooney, que después de completar un mal partido fue expulsado por pisar a Ricardo Carvalho. Su cabeza no siempre está a la altura de su fútbol.
De inicio, Eriksson volvió a renunciar a un delantero para dar entrada en el centro del campo a Hargreaves, el inglés que mejor jugó, y liberar de esta forma a Lampard y Gerrard, que pese a tener las espaldas cubiertas por el futbolista del Bayern apenas crearon peligro y nunca aprovecharon esa llegada que les ha convertido en dos de los mejores centrocampistas de Europa. Y no lo hicieron porque Scolari ha hecho de Portugal una de las mejores selecciones tácticamente del Mundial. Nunca se desordena y se siente igual de cómoda con el balón que sin él. Tiene calidad para llevar la iniciativa y rapidez para ganar al contragolpe.
Fue Inglaterra quien llevó la iniciativa durante la mayor parte del choque y Portugal esperó atrás. El encuentro se desarrolló en el centro del campo y las áreas sólo se pisaron cuando no hubo más remedio, pero sin incomodar a los porteros. Así fue durante el primer tiempo y así era en el segundo hasta la expulsión de Rooney. Antes de retirarse Rooney se fue al banquillo Beckham, pero éste por lesión. Su puesto lo ocupó Lennon, un interior del Tottenham rápido y técnico que desborda por la banda como en su vida lo ha hecho Beckham, que esta vez no lució ni en las faltas. Una internada de Lennon bien pudo acabar en gol, pero Rooney remató flojo y mal. Después se ganó con justicia la expulsión por pisar los testículos a Carvalho.
Falta de ambición
Con un hombre menos, Eriksson decidió retirar a Joe Cole, muy discreto, y situar a Crouch como referencia en ataque. El plan B tampoco dio resultado, porque Inglaterra pasó de llevar la iniciativa a intentar resistir el acoso portugués, un acoso no demasiado intenso ni imaginativo y que llegó algo tarde. Ya fuera por el temor a la contra de los ingleses, por la rigidez táctica impuesta por Scolari o por el cansancio, el caso es que Portugal no se decidió a ir de verdad a por la victoria desde que vio a su rival con uno menos. Lo hizo sólo cuando faltaban diez minutos y la prórroga se adivinaba ya como una solución inevitable.
Y si durante 90 minutos las dos selecciones no habían querido correr riesgos, no lo iban a hacer en la prórroga. El cansancio de los ingleses, que jugaron la última hora con uno menos, era tan evidente como el de los portugueses, a los que les faltó lucidez para atacar la defensa de Inglaterra. Trasladaron demasiado el balón y la mayoría de los ataques acabaron con centros desde una banda. Nada de pases interiores o diagonales para romper la zaga. Muy poco para asustar a un equipo con la experiencia del inglés.
Sólo crearon peligro de verdad con algún centro de Simao desde la derecha y cuando Cristiano Ronaldo se decidió a jugar al fútbol y a encarar a sus marcadores en vez de lucirse para la grada, que es lo que hace habitualmente. Los de Scolari se vieron cerca de las semifinales cuando Hélder Postiga marcó de cabeza, pero la alegría duró los segundos que necesitó el árbitro argentino Elizondo para anular el gol por claro fuera de juego.
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Por Inglaterra, a la que sostuvo en el centro el incansable Hargreaves, el peligro llegó del hábil Lennon, que con la colaboración de Crouch impidió la relajación de la defensa portuguesa.
Los defensas superaron a los delanteros y sólo los penaltis podían decidir el vencedor. Y desde los once metros, los más acertados fueron los portugueses.



