Mundial 2006 | Arabia Saudí 0 - España 1

España sigue de luna de miel

La Selección pasa invicta a octavos. Victoria a medio gas. Joaquín y Reyes, los más incisivos.

<b>CONEXIÓN ANDALUZA. </b>El sevillano Reyes, autor del centro, festeja el gol de España con su autor, el gaditano Juanito.
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Como somos españoles, exigentes y olvidadizos, a pesar de estar brillantemente clasificados para los octavos de final, nos queda la sensación de ocasión perdida, de goleada que pudo ser, de fiesta sin cohetes. Lo más positivo es que ni siquiera ese cuchicheo interrumpe la algarabía, ya que muchos han descubierto en la celebración que rodea los partidos de España un motivo de diversión que convierte el juego en algo secundario. Siempre nos habíamos preguntado por qué cantaban los ingleses cuando sus equipos iban perdiendo y ya lo sabemos: por esto, porque mientras estamos vivos no hay nada que pueda suspender el guateque, ni siquiera los vecinos de abajo.

Además, si toda la vida hemos añorado estar respaldados por la contundencia de los resultados no podemos afligirnos ahora por la ausencia de buen fútbol. No es malo hablar en italiano de vez en cuando. En definitiva, España supera la primera fase con tres triunfos, como Argentina, Brasil, Portugal y Alemania. Y lo que es más importante, lo hace probando todos los tipos posibles de victoria: fácil, sufrida y apática. Eso es tanto como viajar con GPS.

Hay muchas disculpas para el juego de la Selección, entre otras, el calor, la siesta y el rival poco excitante. También influyó, seguro, tener la clasificación asegurada. Por lo demás, fuimos ciertamente ingenuos cuando pensamos que los suplentes aprovecharían el partido para reclamar un puesto en el equipo titular. Eso tal vez sea muy japonés, pero es muy poco español. Aquí aceptamos mal las clases de recuperación y los platos de segunda mesa. Los suplentes se dejarán la vida sobre el campo en octavos y en lo que venga después, pero las pachangas ofenden.

Tal vez eso explique que, a excepción de Joaquín y, por momentos, de Reyes (los reservas más fronterizos), el resto de jugadores no sintió el encuentro como una ocasión para reengancharse. La Selección salió a tocar (lo que por fin nos hace propietarios de un estilo), pero lo hizo con tan poca prisa que fue lenta, demasiado confiada en su superioridad y más a la espera del derrumbe contrario que dedicada al ataque de sus murallas. Y el fútbol a medio gas apenas te distingue de cualquier rival.

Reyes fue el primero en romper la monotonía de la tarde de verano. Como el muchacho tiene una zurda para pintar acuarelas, le bastaron dos pinceladas para sembrar el pánico. En su primera ocasión asistió y en la segunda, después de un quiebro que burló al último defensa, recibió la mala noticia de que el balón se le había quedado en la pierna derecha; tiró flojo. No perdonó, sin embargo, cuando le tocó sacar una falta desde la banda. Entonces la pelota voló girando sobre su eje en busca de Armagedón. Y encontró a Juanito, que se tatuó la pelota en la frente.

Aunque tardó en llegar, el tanto parecía anunciar goleada, desmorone enemigo. Pero ni ellos se cayeron ni soplamos nosotros. Sólo Joaquín entendió que aquel toro era para dar la vuelta al ruedo y se empeñó en intentarlo de todas las formas posibles: bicicletas, carreras y cambios de ritmo. Unas veces le faltó tino en el disparo y otras un rematador. Pero está en forma.

Saltamontes.

No es por poner cataplasmas, pero si España no rompió, también fue por culpa del guardameta saudí. Hay una extraña relación entre los pantalones largos y los porteros palomiteros. Quizá el motivo es que nos quieren ocultar sus patas de saltamontes. El caso es que Zaid, de larga pernera, dio una exhibición de agilidad y sólo dejó de parar lo imposible.

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En la segunda mitad, Luis dio entrada a Villa por Raúl y no tardaron en salir Torres y Xavi en sustitución de Cesc y Reyes. El gesto fue impecable, porque indicaba ambición. Sin embargo, no sirvió para nada. El partido ya estaba extraviado y nuestro extravío particular coincidió con que los árabes comprendieron que estaban jugando su último cuarto de hora del Mundial. Tanto insistieron que a falta de un minuto rozaron el empate.

Los malos momentos también nos permiten extraer enseñanzas. Por ejemplo: la defensa adelantada de España corre un inmenso peligro y no siempre se encontrará con árbitros tan generosos como el de ayer, más bien todo lo contrario. En eso habrá que trabajar. Tampoco vendrá mal la previsible bronca de Luis. Somos humanos, estamos vivos, cantemos.

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