Mundial 2006 | El Mundial en África

La fábrica de Mimosas

De la mano de dos veteranos del fútbol francés, la Academia Mimosas es una auténtica mina de jugadores para Costa de Marfil. Bajo una estricta preparación, chavales de 12 a 18 años tienen todos los recursos a su disposición para convertirse en grandes estrellas.

Los jugadores de Costa de Marfil.
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El 80% de los jugadores de Costa de Marfil que participaron en el Mundial proceden de la Academia Mimosas, una escuela de capital privado situada en el bello paraje de Cocody, una zona residencial de Abidjan. El lema de la Academia, Nadie es mas importante que un club, no puede ser mas explícito y sirve de advertencia para aventureros y nuevos negreros del balón, los mismos que, con el francés Jean Marc Guillou, estuvieron a punto de acabar con un proyecto en 1994. Hace varios meses, se vio envuelto en un asunto de compraventa de jóvenes jugadores africanos en el que estaban implicados el Arsenal, su entrenador Arsene Wenger y el club belga Beveren.

La idea de abrir la Academia surgió del impulso del empresario marfileño Roger Ouegnin y del mencionado buscador de talentos Jean Marc Guillou. Todo marchaba viento en popa hasta que, a principios de 2000, Jean Marc se desvió de la idea incial para acabar dirigiendo los pasos de Mimosas hacia una vertiente personalista en busca de dinero. El choque estaba servido y Guillou acabó abandonando una mina que actualmente se encuentra en manos de dos veteranos del fútbol francés, el ex-defensor del Caen, Theault Pascal, y Patrick Liewig, ex entrenador de las categorías inferiores del Paris Saint-Germain.

Desde luego, las instalaciones de la Academia, por donde han pasado los mundialistas Baki, Didier Zokora, Eboué, Yapi Yapo o Arouna Kone, están situadas en un entorno rodeado de árboles, flores y una pequeña laguna con arena blanca. Allí, además de existir una cancha para la práctica del voley y el futbol-playa, hay un espacio para recuperar a los jugadores lesionados.

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En la actualidad, se están formando 50 chavales de 12 a 18 años. "Muchos de ellos llegan aquí con serios problemas de nutrición, aunque lo peor de todo está en la poca formación escolar que tiene la mayoría. Aquí intentamos paliar estos defectos, a la vez que les enseñamos táctica, técnica y les aportamos una adecuada preparación física", asegura Pascal. Otro de los problemas es el nulo apoyo que reciben de las autoridades deportivas. Todo sale de los bolsillos privados, porque si se implicasen los estamentos, "a estas horas África no estaría llorando la eliminación de tres selecciones, sino preparándose para la final", dice Pascal.

Como en la escuela del Feyennord, en Accra, los horarios son muy estrictos. Se levantan pronto y se acuestan también pronto para estar al día siguiente descansados. Y gracias a las clases de informática, a la televisión e Internet, chicos africanos de 13 años como Bamba, Pacohe, Ilaire o Inza discuten con naturalidad sobre los defectos y virtudes de sus ídolos futbolísticos.

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