Mundial 2006 | España, del 23 al 1

4. Marchena: Un talismán que quiso marcar a Toni Polster

Marchena Ha ganado dos Ligas, una Copa de la UEFA, una Supercopa de Europa, un Campeonato del Mundo Sub-20 y es Medalla de Plata en los Juegos de Sydney. Su entrada en la lista de Luis fue discutida, pero él sólo piensa en ganarse un puesto en el once.

Con la Selección.
Actualizado a

Se puede decir que la trayectoria de Carlos Marchena López (Las Cabezas de San Juan, 31-7-1979) está marcada por la suerte. Pero no por la que él tiene, sino por la que da a sus equipos, quizás el don más preciado en el fútbol. "Nunca lo había pensado, pero la verdad es que parece que estoy tocado por una varita mágica", admitía sonriendo mientras gastaba sus últimos y escasos días de vacaciones antes de la gran cita de su vida. Quizás Marchena se veía más fuera que dentro de la Selección que iba a partir hacia Alemania antes de que Luis diera la lista, quizás la suerte le sonrió una vez más. Pero ya da igual. Marchena está en Kamen con el resto y está dispuesto a aprovechar cada minuto si le dan la oportunidad en esta España llena de dudas.

Como la mayoría de los futbolistas de elite, ya desde pequeño tenía ese aura que lo diferenciaba de los demás. Se puede decir que el Sevilla lo rescató prácticamente de su pueblo natal, Las Cabezas de San Juan, aquél que dejas a la izquierda de la autopista cuando escapas de Sevilla rumbo a cualquier playa de Cádiz. Aquel pueblo en el que conoció a Rosa, una brillante estudiante de Medicina y que dejó el Hospital Universitario Virgen Macarena para acompañar a Carlos en Valencia desde su cuarta temporada en la ciudad del Turia. En esta ocasión la suerte también acompañó al defensa, que nunca supo moverse con demasiada habilidad en el mundillo de la noche y que encontró el bienestar absoluto con su actual pareja. Allá por 1990, pocos meses después de que la Selección se volviera de vacío de una cita mundialista, Marchena se recorría día tras día uno de los campos anexos a la Ciudad Deportiva, mientras de reojo echaba un vistazo a ese austríaco grandullón que sorprendió a la Sevilla rojiblanca. Carlos siempre vio en Toni Polster a ese delantero al que tienes que estar pegado y no darle ni un metro de ventaja: "De cerca parecía tan grande que daba miedo pedirle un autógrafo. Le veía entrenarse y no podía creerme cómo un tipo tan grande podía darse la vuelta con el balón y pegarle tan fuerte después de controlarlo. Todavía no he visto a ningún otro como él", explicaba con las manos apoyadas en la cabeza.

Se trataba entonces del Sevilla de Vicente Cantatore, Unzúe, Jiménez, Martagón, Salguero, Polster y Zamorano. Ese equipo en el que el actual director deportivo, Ramón Rodríguez Verdejo, 'Monchi', aguardaba su oportunidad. Por aquellos años, Marchena jugaba sus primeros partidos en los alevines del conjunto de Nervión, dentro de un grupo de chavales de 12 años de los que algunos alcanzaron igualmente el cielo de la Primera División. "Ya desde el principio sorprendía con su cuerpo, éramos todos muy chiquititos, pero él imponía jugando en el centro del campo", recuerda Paco Gallardo, íntimo del valencianista y que vivió a su lado sus mejores años de adolescente. "Era el típico que siempre tenías a tu espalda dándote la chapa, sin dejar que tocaras el balón siquiera. Le daba igual no jugar el balón o participar en ataque, lo único que quería era que tú no la tocaras", afirma su 'confidente' José Luis Abad, hoy preparador físico de los escalafones inferiores del Sevilla.

El salto.

Es precisamente esto lo que precipitó tiempo después el debut de Marchena con el filial, casi siempre de mediocentro. Muy pronto empezó a ser seguido de cerca por Julián Rubio y, más tarde, por la terna de entrenadores del primer equipo que pasaron por el banquillo del Sevilla en aquella fatídica temporada 1997-98. No tardó en dar el salto, con 18 años recién cumplidos y con la difícil papeleta de sacar algo positivo de un equipo que iba a certificar su continuidad en la Segunda División. Quizás una de las peores plantillas que se recuerdan por el Sánchez Pizjuán: Eboue, Thetis, Axel, Lucio Wagner, Tarik Oulida, Molnar... y un mundo más. Aquella, su primera campaña con los grandes, no podía terminar de otra forma y Marchena vivió en primera persona el infierno de la categoría de plata.

Por fin en Primera.

Noticias relacionadas

Justo un año más tarde explotaba con el ansiado ascenso a Primera de la mano de Marcos Alonso. Una única temporada en Primera le bastó para llamar la atención del Benfica, que puso sobre la mesa 1.000 millones de pesetas que ayudaron a paliar en parte la gravísima situación económica y social que vivía el Sevilla, con nuevo descenso de categoría incluido. "Nunca me veía fuera del Sevilla. Era feliz a pesar de que pasábamos malos momentos, pero el club necesitaba el dinero y me fui a Lisboa llorando pero ilusionado con hacer algo grande en el fútbol", aseguraba poco después de proclamarse campeón del mundo Sub-20 en Nigeria junto con gente como Gabri, Pablo o Varela, lateral bético con el que también guarda una estrecha amistad.

Tras una buena campaña en el Benfica, el Valencia se hizo con su pase al incluirlo en un intercambio con Zlatko Zahovic. El talismán de Marchena relució como nunca y el equipo fue campeón de Liga 30 años después: "Me costó entrar en el equipo con Ayala y Pellegrino, pero aquel año disfruté como nunca". Medalla de Plata en los Juegos de Sydney, campeón de la UEFA y de la Supercopa de Europa... pero Marchena sigue pasando inadvertido, como a él le gusta y como realmente disfruta de su profesión. A pesar de que no pasa por su mejor momento en el Valencia, -el fenómeno Albiol le ha pasado factura- Marchena sigue feliz con el fútbol: "Muchas veces no pensamos en la suerte que tenemos", reconocía días antes de agotar sus vacaciones.

Te recomendamos en Más Fútbol

Productos recomendados