Los diez mundiales de un reportero | Argentina 78

No diga Kempes, diga gol

Lo que mal empezó para la expedición española, con un viaje atormentado tras una avería en el avión, mal acabó. La España de Kubala cayó a las primeras de cambio tras perder con Austria y Brasil. Para el recuerdo, el fallo histórico de Cardeñosa.

<b>AMBIENTAZO. </b>Argentina se volcó con la organización del Mundial. Las imágenes de Kempes celebrando goles ante el confeti y los papeles de la afición aún están grabados en la memoria. Los posteriores actos de los campeones, con Pasarella con la Copa, también evidenciaron que toda Argentina estaba deseosa de estrenarse.
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Mi tercer Mundial. Se jugó del 1 al 25 de junio de 1978. El viaje fue un martirio. El avión que nos llevaba desde España sufrió una avería en pleno vuelo y tuvimos que hacer una escala inesperada en Asunción. Aprovechamos los periodistas para montar un partido comprándole un balón a unos soldados de un cuartel cercano al aeropuerto por nueve dólares. Aquel partido lo dirigió el colegiado español del Mundial, el murciano Ángel Franco Martínez. El avión no pudo arreglarse y tuvimos que viajar en otro de las líneas aéreas paraguayas, quitándole para ello su sitio a otros pasajeros que tenían su billete para ese vuelo, con el consiguiente cabreo por su parte. Llegamos a Buenos Aires nosotros, pero no las maletas. Nos fuimos a cenar a La Estancia de Lavalle y a comprar ropa al día siguiente. El Mundial empezaba esquinado y trabado.

La muerte de Bernabéu. Pocos días después nos llegó la noticia de la muerte de Don Santiago Bernabéu. Antes ya habíamos sufrido el desastre de La Martona, una especia de casa de campo en ningún sitio, donde los jugadores españoles organizaron casi una rebelión, llegando a tirar, la noche de su llegada, colchones, somieres y hasta mesillas por el patio interior. La única buena noticia fue el primer título mundial de clubes de baloncesto que ganó el Madrid al Obras Sanitarias de Buenos Aires. Y la Selección... pues, ya saben, como siempre. Perdimos con Austria, que según Ladislao Kubala era un equipo "cómodo, sencillo y al que vamos a ganar". Empatamos con Brasil tras sufrir la conmoción del error inexplicable de Cardeñosa y ganamos a Suecia cuando no había solución.

Menotti prefirió al Beto. Tenía a Maradona, con 17 añitos y ya una figura, pero César Menotti decidió, en la última purga, dejarle fuera y llevar al Beto Alonso. Recuerdo a Diego salir llorando, inconsolable, de la concentración argentina. No llorando, pero sí triste se quedó España. Ángel María Villar, días antes de aparecer la lista de Kubala, en la que estaba, jugando contra el Rayo Vallecano en San Mamés, resultó lesionado. Villar causó baja y le sustituyó un hombre sorpresa, que jugaba precisamente en el Rayo Vallecano: Guzmán.

Entrevista a un muerto. Me encargaron de los partidos de Mar del Plata, donde, por cierto, perdí mi buena pasta en el casino, el más antiguo de América, y donde asistí al Brasil-España de triste recuerdo. El día antes de jugar, Kubala dio una rueda de Prensa a las dos de la tarde y yo llegué retrasado para enterarme de la alineación. Ni corto ni perezoso subí a la habitación de Kubala, entré -las llaves estaban en la cerradura- y me encontré al seleccionador durmiendo. Con sumo cuidado le desperté para que me diera el equipo. Pedí perdón, le di cien explicaciones... pero me negó la información y me despachó con muy malos modos a pesar de ser buenos amigos. Pasaron tres años antes de volver a dirigirnos la palabra.

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Pero lo curioso es que alguien, en la radio y en alguna agencia, había lanzado el rumor de que el portero Bertrand Demanes, estampado contra un poste en el Argentina-Francia, había muerto. La selección francesa aterrizó en Mar del Plata y allí estaba yo esperando al cadáver. Pero no. Demanes apareció como un pimpollo y tuve que entrevistarle para dejar claro que estaba vivo y coleando.

No diga Kempes... Marito Kempes fue el máximo goleador. Ya había estado en el 74 en Alemania, pero allí ni se estrenó. Luego vino a España a jugar en el Valencia. Entonces surgió el eslógan: "No diga Kempes, diga gol". Hansi Krankl nos hizo el segundo gol el doloroso día de Austria y su premio fue fichar por el Barcelona, donde esa misma temporada fue máximo goleador. Ya recordarán las dudas de aquel Perú-Argentina que ganaron los argentinos 6-0. Quiroga, el portero peruano, era... argentino. Lucho Garro, periodista del Comercio de Lima, me llamó: 'Gozalo, temo por la vida de Quiroga cuando lleguen aquí'. Tenía razón: le recibieron a pedradas. Aquel Mundial, al que volvía a España, fue un desastre. Kubala fue destituido. Hubo 1.726.500 espectadores y cuatro años después nos tocaba organizarlo en España.

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