Un merecido y necesario descanso
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Aritz Aduriz espera con devoción de esquiador el arranque de la pretemporada en Los Alpes. Lo hace con un agradable descanso en la playa. El mar es uno de los mejores tonificantes que existen. Él, batallador incansable, merece ese descanso. Y lo necesita. El donostiarra ha vivido los seis meses más intensos de su carrera. Llegó en diciembre al Athletic como fichaje salvador y 180 días más tarde recuerda el pasado con vértigo. Todo ha ido demasiado rápido. Increíble. Vuelve a su casa después de dos años y medio de peregrinación por Burgos y Valladolid y se convierte en el máximo goleador del equipo. Su estreno anotador en Primera División no podía haberse producido en mejor momento. El atacante tiene motivos de sobra para descansar y, si es de esos que no saben desconectar, mirará el Mundial con espíritu de aficionado.
La reválida espera a la vuelta de la esquina. El último fin de semana de agosto arrancará la próxima Liga. Y Aduriz, como el resto de sus compañeros, dispondrá de la oportunidad soñada para que la angustia de la campaña recién finalizada quede para siempre en el cajón del olvido. El delantero ya no es una novedad y sentirá de cerca el aliento de San Mamés. El segundo año, el de la confirmación, es el más complicado. Que se lo digan a Fernando Llorente, que ha sufrido como pocos el embudo de exigencia que va de las luces el debut a la oscuridad del anonimato. Menos mal que el gigante rubio despertó a tiempo con un extraordinario jugadón ante el Zaragoza.



