Mundial 2006 | España, del 23 al 1

15. Sergio Ramos: 28 millones de bondad, carácter y amistad

Con sólo 20 añitos, ya es un veterano de guerra. Su explosión ha sido una de las noticias del fútbol español en el último año. "Si quieres, serás uno de los mejores del mundo", le dijo Pablo Blanco cuando lo fichó. Él está listo para abordar la aventura.

Comenzó jugando al fútbol de delantero.
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El Real Madrid cambió el pasado verano 28 millones de euros por una cifra infinita de bondad, carácter y amistad: Sergio Ramos. Un niño con 20 años con el corazón de un tío enorme y una proyección similar a la de Rafa Nadal. A Sergio no se le conoce un solo enemigo y sí decenas de amigos a los que se les cae la baba de orgullo. "Si hay algo que lo define es su solidaridad. Se ha complicado la vida defendiendo a los más débiles. Le han dado de guantás que no te lo puedes ni imaginar", señala su padre con gracia. Siempre se partió la cara por los suyos. Que le pregunten a su colega del alma, el Mundi, a quien acompañaba fuera de las discotecas cuando no lo dejaban entrar. Por los campos de Dios era el escolta de lujo de Jesús Navas, contra quien cargaban todos los defensas. "Si lo tocáis, luego apareceré yo", le decía a los rivales.

Su vida ha girado sobre el fútbol, sus amigos y, sobre todo, su familia. Su padre es el gran jefe. Ordena y manda. René, el ángel de la guarda de quien nunca se ha separado, y su madre y hermana, Paqui y Miriam, las dos personas que más quiere en su vida. "Vive por y para ellas". Ningún restaurante de lujo puede igualar, para él, las comidas de su madre.

Nació en Camas, la tierra del Faraón. Su aspecto en el campo es rudo, y es que la disciplina del fútbol no le deja mostrar ese arte que lleva en la sangre. Cuando duerme, sueña con coger el capote con la delicadeza de Curro Romero y con emocionar desde una voz ronca como Camarón y José Mercé. Sergio es el fútbol. Es capaz tanto de arrollar al delantero más corpulento como de firmar una exquisitez en el área rival. Nunca se sabe por dónde puede salir. Estar en una cancha le hace enormemente feliz y no le asusta nada. Derrocha valentía. No tuvo dudas para asumir el peso del dorsal número cuatro del Madrid y no parará hasta que cumpla dos de sus grandes ilusiones: "Ser capitán del Madrid y de la selección española". A Caparrós le admiraba su decisión: "Si le dieras la camiseta de la selección absoluta argentina, saldría al campo como un veterano más".

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Se crió con un balón debajo del brazo y trepando como un mono. "Siempre estaba dando por saquito con la pelotita. Se llevaba la merienda a la calle para seguir jugando. No lo entiendo, pero le encantaba subirse a los árboles", recuerda su hermanísimo. Comenzó a jugar en el Jardín Atalaya, el equipo del barrio. Con siete años se marchó al Camas. Y allí jugaba con la ficha falsificada, ya que la Federación no permitía inscribir a menores de nueve años. Antes de cumplirlos, lo fichó el Sevilla, que tuvo que esperar dos meses para poder inscribirlo legalmente en las competiciones federadas. Como no podía ser de otra forma, su descubridor fue el genio de la cantera sevillista: Pablo Blanco. "Desde el primer día que vino a verlo, Pablo me dijo que el niño sería futbolista", cuenta su padre, quien recuerda lo que Blanco les comentó a los dos: "En el mundo no hay laterales buenos y tú puedes ser el mejor. Conviértete en lateral y luego pasarás al centro". Manolo Jiménez lo hizo explotar y Caparrós lo llevó a la gloria. A Pablo Blanco se le ilumina la cara cuando habla de su descubrimiento: "La gente no sabe el potencial que tiene. Empezó jugando de delantero, pero tenía tanta fuerza que le faltaba campo. Así, pasó al centro del campo hasta llegar a la defensa. Necesitaba más metros por delante para explotar". Aunque a él lo que verdaderamente le gustaba era actuar de portero, pero a su madre le daba miedo y se lo prohibieron.

El pelo largo ha sido un vicio para él. Hasta el punto que sus referencias futbolísticas se caracterizaban por lucir melena: Schuster y el argentino Cannigia. Su vida corre a la velocidad de la luz. Con 20 años ya posee un pasado extenso y un futuro prometedor. "Jugar un Mundial con mi edad es maravilloso. Estoy deseando que esto empiece porque tengo muy buenas vibraciones". Y es que Sergio se siente un afortunado en la vida, aunque tiene la clave. "Soy la persona con más suerte del mundo, pero porque trabajo más que nadie", confiesa a sus más íntimos. Si busca un tío solidario y un amigo para toda la vida, acérquese a Sergio Ramos. Ese niño que se emociona con una verónica de Curro Romero, que sueña con cantar como José Mercé y Camarón y que daría la vida por un beso de su madre y hermana...

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