Madrugada con Maradona
José Ramón de la Morena realizó El Larguero del pasado jueves en Estepona, donde contó con la presencia estelar de Diego Armando Maradona. El Pelusa disfrutó durante el programa y en la agradable velada que vino después.

Fue en un pueblo con mar, una noche después de un Larguero. Maradona reinaba detrás de la mesa del único bar que vimos abierto.
Había finalizado para él un día agotador que comenzó en Madrid, en los estudios de Canal Cuatro, con la grabación de un Maracaná 06, especial para el próximo lunes. Después filmó promociones, saludó a todos, le entrevistó Iñaki Gabilondo, se despidió de todos y le subieron en un avión que le llevó a Málaga. Y desde el aeropuerto al Palacio de Congresos de Estepona. Allí le esperaban más de dos mil personas y un centenar de argentinos que habían llegado casi en peregrinación. Diego no parecía cansado, pero lo estaba. Claudia le protege más como madre que como ex mujer, pero su protección es una coraza. Observa todo y lo protege de todo y luego hace lo que ella dice simulando hacer lo que le da la gana.
Cuando terminó el programa, cenó relajado hablando de fútbol -casi a gritos- con el Lobo Carrasco. Eran dos antiguos alumnos hablando del colegio:
-Te acuerdas de Marquitos cuando
-Y aquel gol que
-Y aquella noche en
-Y aquel día que Quinocho
Reían a carcajadas.
-¡Le ganamos cinco veces al Madrid, viejo!
A su regreso al hotel Elba, en Estepona, un piano del hotel llora una canción de amor. Manolo Quijano estremece a un grupo de amigos con un viejo éxito de su último disco Miente. Lucas, el gaditano más fuerte del dúo Andy y Lucas, destila su gracia: "Algunas son muy mentirosas".
Maradona escucha la melodía de Manolo Quijano y le pide otra canción más para Claudia. Manolo toma prestada la guitarra de Lucas y puntea en las cuerdas una melodía del que será su próximo disco. Es una canción con tintes feministas: "Todos son iguales, prometen hacer ramos los rosales. Ellos nunca salen, pero siempre tienen cenas quincenales", canta Quijano.
Las mujeres, Claudia a la cabeza, se ríen y se dan codazos cuando Manolo Quijano finaliza la canción. Maradona aplaude entusiasmado y le dice a Lucas que sus hijas le volvieron loco en Montevideo para que las llevara a ver a Andy y Lucas en un concierto que organizaba Pepsi Cola. Lucas coge la guitarra y duda. Después mira a Claudia, y con una gracia que contagia, le pregunta a Maradona: "Don Diego, ¿usted la quiere?"
Y Diego contesta: "Podéis jurarlo".
-Pues Doña Claudia -dice Lucas mirándola con picardía y timidez al tiempo- le voy a cantar una canción que me ha pedido un amigo para usted porque dice que la quiere.
Lucas puntea las cuerdas una a una y después las acaricia todas a la vez componiendo los ritmos de una melodía preciosa, mientras su voz se eleva aflamencada entre la emoción y el desgarro. Mira fíjamente hacia Claudia, con guiños hacia Diego, como si le estuviera diciendo lo que él le ha dicho que le diga:
"Yo cambiaría mi vida Mi fama y mi dinero por volver contigo de veras que te quiero Y te miro a los ojos Y ahora lo entiendo porque la vida es tan dura"
Cuando Lucas acaba con el último rasgado de guitarra, todos rompen en un aplauso escandaloso. Se hace un mínimo silencio de emoción. Claudia está recostada en el piano y Diego le grita: "Decidme algo ¡bruja!, que no me dais ni bola"
Todos reímos, Claudia esboza una sonrisa alargando la comisura de los labios. Es una sonrisa dulce, pero de pena. La sonrisa de las mujeres escarmentadas.
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Maradona repite varias veces que se sube a dormir pero nunca se va. Habla de su desafío a la muerte, al destino y, sobre todo, del amor a sus hijas. "Eso fue lo que me salvó, eso fue lo que me hizo regresar al mundo de los vivos". Habla convencido y convence. Habla y no para. Yo miro el reloj.
Y nos dieron las dos y las tres y las cuatro y asombrados al amanecer nos encontró la luna.



