21. Villa. El Guaje hereda el número y la casta de Luis Enrique
Un chico de la cuenca minera asturiana se ha metido entre los elegidos para la gloria mundialista. Su carrera se disparó desde que con 17 años pasó del Langreo al Sporting. Ya ha ganado una Copa con el Zaragoza y rozado el pichichi con el Valencia.

El Guaje hereda en la Selección el 21 que lució el último asturiano más internacional, el gijonés Luis Enrique, quien a su vez lo había escogido por su amistad con el madridista Míchel. Villa afrontará su primer Mundial como el mejor goleador español. Tan intuitivo como imprevisible en el área, ofrecerá a la Selección de Luis Aragonés la magia del gol.
Cuando tenía 17 años fue descubierto por los técnicos del Sporting. El soplo había llegado a Mareo sobre Andrés, un prometedor juvenil del Unión Popular de Langreo. Junto a él jugaba Villa, un chavalito cuyo fichaje por el Oviedo no llegó a culminarse por no querer pagarle el club carbayón el desplazamiento de Tuilla a la capital, como pasaba con otros jugadores de fuera. Pepe Acebal no dudó desde el primer momento en el que lo vio en acción. Había que ficharle.
En Mareo empezó su escalada, no sin dificultades, ya que no siempre fue titular en el equipo juvenil. La adaptación resultó costosa, pero al final acababa convenciendo con sus goles y su espectacular juego de área. No dio el salto con Cantatore por la llegada del joven brasileño Da Silva y con Acebal se produjo el debut testimonial, en junio de 2001, un mes después que su gran amigo Pablo Álvarez, cuya reciente lesión le ha dolido "mucho. Fue el día que hice un hat-trick en San Mamés, esa noticia me lo amargó".
Despegue. En la pretemporada de 2001 estuvo con el primer equipo, a modo de prueba. Se veía que marcaba diferencias, pero Acebal, su fiel protector, no quería apresurar su salto definitivo. Tardó sólo ocho jornadas en convencerse de que el Guaje, como la mejor sidra, estaba para corchar. Fue cuando le dejó de temblar la mano para sentar a Míchel y a Lediakhov. Con Lozano y Pablo Álvarez formó el primer trío ofensivo que marcó diferencias en Segunda, sobre todo en su primera visita al Tartiere como sportinguista, en octubre de 2001. Fue el mejor regalo de cumpleaños que pudieron ofrecerle a Acebal, con un triunfo en el campo azul, donde el rival del equipo gijonés llevaba diez temporadas de supremacía, que finalizó aquella mañana en la que el Guaje convirtió el municipal ovetense en un auditorio rojiblanco, con la afición local enmudecida.
Pese a su corta edad y escasa experiencia, Villa se ganó pronto la confianza del vestuario. Mantiene contactos con la mayoría de los que fueron sus compañeros en el vestuario de Mareo. Además de Lozano y Pablo Álvarez, a quien tiene "un cariño especial", en Valencia recibe con frecuencia la visita de David Pirri, desde Albacete, o Isma, desde Ferrol, con quien mantiene una excelente relación. Y es que el vestuario rojiblanco pronto quedó engatusado por su embrujo y encomendado a sus goles.
El Racing de Ferrol fue el primer damnificado por un hat- trick de Villa, con un gol de penalti, otro de falta y un tercero de jugada. Bello Amigo, ahora en el Poli Ejido, fue el que sufrió su triple acierto. Por el contrario, el primer nombre relacionado con su lista de lesiones, fue Noguerol, del Elche, cuando militaba en el Salamanca. Tenía la misión de secar al Guaje, pero utilizó unos métodos demasiado contundentes para dejarlo fuera de combate. Fue una lección para empezar a protegerse mejor. No volvió a repetirse la historia.
Su padre, un fan. Villa tiene en su padre al primer seguidor. Mel Villa, asiduo en todos los partidos y entrenamientos de Mareo cuando su hijo estaba en Gijón, fletó un pequeño microbús para viajar desde Tuilla a Andorra en su debut internacional con la Selección Sub-21. En Zaragoza era casi un vecino más, como le ocurre ahora en Valencia, donde pasa más tiempo que en Tuilla.
Un hombre importante en la trayectoria de Villa es José Luis Tamargo, su representante. Tras su marcha del Sporting al Zaragoza, en apenas dos años gestionó su incorporación al Valencia, donde a los cuatro meses ya le cambió el contrato, con una serie de mejoras extraordinarias, avaladas por sus goles en el campo, después de haber tenido que superar un ambiente no muy favorable. No se le mimaba como en Gijón o Zaragoza.
En su etapa rojiblanca coincidió con Maceda, quien llegó a dejarlo alguna vez en el banquillo o relegarlo a una banda, como puede ocurrirle en la Selección, algo que no le preocupa porque se ve "capacitado para jugar en varios puestos". El tiempo quitó la razón a un técnico que podía haber disfrutado más del Guaje, único patrimonio por entonces del Sporting, que negoció una operación de préstamo, con el ariete como garantía, que se denominó crédito Villa y que no llegó a realizarse porque el Zaragoza pujó por su traspaso.
Poco antes, en La Romareda, firmó una actuación sobresaliente, con un gol que retrasó el ascenso del equipo maño. Fíchalo fue la recomendación de Tomás Guasch en la crónica de AS. Soláns hizo caso. Acertó y se benefició. No hace falta recordar la que ha liado esta temporada en Valencia, donde hasta le han dedicado un pasodoble.
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Padrazo. Desde el verano de 2003 Villa está felizmente casado con Patricia, y este año tuvieron una hija, Zaida, a la que paseó orgulloso por El Molinón el pasado domingo: "Sin duda ha sido lo mejor que me ha pasado esta temporada, mejor que los 25 goles y todo lo demás. Hay que ser padre para saber lo importante que es esto". La cita mundialista ha sido la guinda a un gran año y no quiere desaprovechar la oportunidad: "Estoy contento de representar a mi tierra en el Mundial e intentaré dejar el pabellón muy alto". La pérdida del pichichi de la Liga no empaña su temporada: "En el fondo esperaba que Etoo no marcara en Bilbao, pero le felicito porque es un gran goleador". Ahora sueña con hacer algo parecido en el Mundial: "Firmaría ahora mismo ser pichichi con España, sería lo máximo".
Aunque tuvo que marcharse de su tierra, a Villa se le considera allí como algo propio y será embajador de Asturias en Alemania. Seguro que desde todos los receptores de televisión del Principado se distribuirá alegría con sus goles.




