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El Madrid, en busca del Reyno perdido

Primera | Osasuna - Real Madrid

El Madrid, en busca del Reyno perdido

El Madrid, en busca del Reyno perdido

mikel saiz

Duelo a muerte de rivales directos. La Champions está en juego

Del mismo modo que el marino se licencia en el Cabo de Hornos y el ciclista en París al concluir el Tour, no se puede considerar futbolista del Madrid, pleno de vivencias y supervivencias, a quien no ha visitado Pamplona embutido en esa camiseta blanca. Desde hace ya mucho tiempo, todo el que acierto a recordar, este traslado es una prueba de entereza y coraje, examen del que no suele salir bien librado el equipo, pues su habitual sutileza choca con un tipo de fútbol directo que depila pantorrillas en un ambiente de erupción volcánica. En ese cráter peleará el Madrid por el tercer lugar del campeonato, porque esta vez, además de la legendaria rivalidad, hay en juego puntos de oro.

Esa es la principal novedad del partido: ambos equipos están en puestos de Champions, con opciones de ser segundos, y sólo un punto los separa. Pero hay otra diferencia respecto a los viejos duelos, el estadio ha cambiado de nombre: El Sadar se llama ahora Reyno de Navarra. El asunto pudiera parecer anecdótico, pero no lo es. Antes del cambio, Osasuna acumulaba nueve victorias consecutivas en su campo; desde entonces, dos triunfos, tres empates y tres derrotas. Los nombres son importantes. Si bautizas Rodolfo a un león es fácil que se pinte las uñas y si al infierno lo llamas Costa Candente se convierte en lugar de vacaciones. Habrá que ver cómo opera el cambio de nombre en el dañado subconsciente del Madrid.

Lo cierto es que no es fácil hacer previsiones, tantas son las tormentas que persiguen al club blanco (roto). Durante la semana, se ha estrenado un nuevo presidente, octogenario, castizo y simpático, características que lo distinguen de sus antecesores. Fernando Martín, ahora residente en la isla de Elba, se despidió sin derrotas, para que luego digan que los resultados son los que mandan (no, mandan los que mandan). Se quiera o no, el trajín despista a los jugadores, que ya no distinguen a un utillero de un candidato a la presidencia. Y en esas condiciones se hace imposible pedir un aumento.

López Caro, que vive en la soledad del Conde de Montecristo, afronta el partido más complicado de los que restan. Para ello, volverá a dejar en el banquillo a Cassano, demasiado esponjoso para conquistar un Reyno. Así, Raúl será de nuevo la punta de lanza. En este caso el nombre vuelve a ser lo importante. Baptista jugará detrás del capitán y ejercerá de aguador y de Babieca. En el doble pivote, Guti estará escoltado por Pablo García, futbolista que fue contratado para aprender el idioma de las tribus osasunistas y aún no ha dicho palabra. Curioso, por otro lado, el vuelo que ha cogido Osasuna sin él, supuesto líder.

En los locales, ilusión desmedida y un fantástico entrenador, Javier Aguirre, que ha querido esconder hasta la convocatoria. Pocos entrenadores hay que se ganen mejor el sueldo. Cuéllar es duda por un esguince de rodilla, pero el equipo se intuye. Es segura la intervención de Milosevic y Webó, que fueron como Van Basten y Gullit en el partido de la primera vuelta en el Bernabéu. De ese enfrentamiento todavía se recuerda el buen encuentro que hizo Osasuna y la patada de Roberto Carlos a Valdo, que se retiró lesionado. También habrá que observar con lupa a Raúl García, objetivo madridista en algún informe que bien podría descansar bajo la pata de una mesa coja.

Balance. Es un gran choque, porque el Madrid sigue siendo el mejor equipo de la segunda vuelta (con el Atlético, qué cosas) y Osasuna viene de sumar siete puntos en las tres últimas jornadas; los navarros son, después del Barça (42), el equipo que más puntos ha sumado en campo propio (36). Desde el año 2000, el balance entre ambos equipos en partidos jugados en Pamplona registra dos victorias locales, un empate y dos triunfos visitantes. La estadística demuestra que el Madrid ha sacado puntos, pero también se ha llevado heridas. Esta vez no vale la excusa de la mentalización, del equipo pequeño que juega hipermotivado. Osasuna es grande. Suyo el Reyno. Veremos el poder y la gloria.

Lo que le faltaba al partido de esta noche en el Reyno de Navarra era la victoria del Celta en el derby gallego, que le acerca seriamente en la clasificación a los dos contendientes. Osasuna y Madrid saben que aún pueden ser segundos y meterse en la Champions sin examen previo; pero también saben que el Celta está a distancia de reñirles el cuarto puesto y de despeñar a uno de los dos (más fácil al que pierda hoy, claro) al quinto, donde espera la UEFA. Y eso para Osasuna sería un mal menor, o en realidad un logro. Pero para el Madrid sería una mazmorra. Así que más presión para el Madrid.

Y ya se sabe que el Madrid teme sus partidos en Pamplona como a un nublado. Allí se ha generado desde tiempos de la Transición y de la Quinta del Buitre un ambiente muy adverso al Madrid, nacido de chispas políticas y alimentado después con sucesos deportivos que, en el caso de esta nueva rivalidad, todos miramos con lupa, y más que nadie el público del viejo El Sadar, hoy Reyno de Navarra. Y encima el último no hay que mirarlo con lupa. Lo que hizo Roberto Carlos con Valdo estuvo mal, pero peor aún fue la actitud posterior. Dejó leña preparada para aumentar hoy la hoguera.

Además, el Madrid resiste mal la comparación con estos equipos de presupuesto tan exageradamente inferior al suyo, y que sin embargo se le suben a las barbas, en el campo o en la clasificación. El mero hecho de pelear el puesto con Osasuna ya es en sí una derrota moral para el Madrid y le hace salir al partido como en deuda con todos. Frente a eso sólo cabe hacer una cosa: jugar con aplicación y gallardía, sin amaneramientos, y a ser posible bien. Lo que suele hacer Osasuna, vamos. Olvidar el politiqueo y mirar con afecto al balón y a los compañeros. Y después de eso, que gane el mejor.