Mundial 2006 | Un negocio polémico

La Segunda Guerra Mundial impone su moda en Alemania

Polémica con cascos y brazaletes.

<b>INOCENTE POLÉMICA. </b>Una niña sonríe con el famoso y prohibido casco de Van Laar.
José A. Espina
Jefe de Sección en la Delegación de Andalucía
Jefe de Sección de Diario AS en Andalucía. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Sevilla. Pegando teclazos desde 1998, durante toda una década en Madrid (2000-2010). Sevilla, Betis, Selección española y lo que se ponga por delante. Loco por el fútbol, guarda un poco de esa pasión para su otro deporte favorito, el tenis.
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Fueron los alemanes los que inventaron la palabra kitsch, voz que significa "estereotipo u objeto de mal gusto", y serán ellos los que cargarán a partir del nueve de junio con la condena: una empresa holandesa y otra brasileña han comercializado cascos de soldados de color naranja y brazaletes amarillos como los utilizados por oficiales en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial... Y amenazan con teñirlos con los de varias selecciones más porque el negocio va viento en popa: han recaudado ya, a un mes de la gran cita, ocho millones de euros. Y esperan multiplicar por 10 esos beneficios.

La polémica saltó como el rayo. Hace un mes la KNVB, Federación Holandesa de Fútbol, prohibió los casquitos (no es sarcasmo, sino su nombre comercial) durante un Holanda-Ecuador por considerarlos "ofensivos". Y la prohibición, en el país del cannabis y el sexo libre, no hizo sino multiplicar las ventas: ya se están vendiendo nada menos que 10.000 cascos semanales. Florien Van Laar, el empresario tulipán que tanto se está lucrando, se defiende mientras se frota las manos: "Son una broma, para picar a los alemanes. Éste es un país libre".

Y Alemania, que se plantea la misma prohibición, también. Pero no les debe haber hecho ninguna gracia a los organizadores del Mundial que sean los símbolos de la segunda gran guerra los que impongan su moda a partir del próximo junio. El Gobierno de Merkel había lanzado una campaña que postulaba a su país como una vibrante nación de poetas, filósofos e inventores. Pero el kitsch, en forma de horror histórico tomado a broma, les ha vuelto a caer encima.

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Muñecos de vudú para evitar goles en contra

Para algunos menos ofensivos que los símbolos de la Segunda Guerra Mundial, pero mucho más esperpénticos son los muñecos de vudú que ha comercializado una empresa germana. El kit consta de muñeco, aguja y las 32 camisetas de cada una de las selecciones del Mundial, y en su manual de instrucciones no aparece, afortunadamente, la posibilidad de hacerle la puñeta gorda a ningún jugador rival. El vudú en cuestión sirve, según la propia empresa, "para evitar goles del contrario. Antes del partido se le coloca al muñeco la camiseta del equipo rival; luego, se está atento al partido para, en cuanto haya una ocasión en contra, clavarle la aguja al muñeco. Hay que esperar que el delantero rival falle". Ocho euros cuesta el invento; si funciona, aunque sólo sea en la mente de algunos, saldrá barato.

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