Vila-real: 732 años y 48.110 habitantes...
El 26 de febrero de 2006, 732 años y algunos días después de su fundación, su Ayuntamiento y la Academia Valenciana de la Lengua 'valencianizaban' del todo el nombre de la segunda ciudad de Castellón: Vila-Real, tierra de huertas y cerámica.


Vila-Real es Villa y Real por gracia de un Rey, Jaime I el Conquistador, que fundó la ciudad el 20 de febrero de 1274. Y tiene nombre valenciano desde hace apenas meses, cuando su Ayuntamiento y la Academia Valenciana de la Lengua decidieron convertir en único y oficial su actual nombre. No legó Jaime I a la ciudad aquel murciélago que luego presidiría los escudos de otros dos clubes históricos, Valencia y Levante, pero sí otra señal de lo que sería un exitoso futuro balompédico: meses después de fundar la Villa, el Conquistador construyó una muralla extrañamente premonitoria, con forma de rectángulo. En aquel extenso campo de fútbol habría de caber toda una ciudad, y en el centro de él, toda una afición siete siglos después: era la Plaza de Jaime I el Conquistador, lugar donde los amarillos se reúnen para celebrar sus éxitos y uno de los principales legados históricos del lugar.
Un fervor muy anterior al del fútbol, el religioso, dejó en Vila-Real algunos de sus otros monumentos principales, como la Iglesia Arciprestal, la Ermita de Nuestra Señora de Gracia, el Santuario de San Pascual Baylón o una extensa y riquísima huerta cuidada con manos de santo y paciencia de convento. La guerra de Sucesión destruyó buena parte de la ciudad a principios del siglo XVIII y otra guerra, la Civil, dio paso a la reconstrucción más importante que ha vivido Vila-Real con la llegada de una floreciente industria de azulejos.
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En las últimas décadas, la cerámica ha convertido los 55 kilómetros de los que consta el término municipal de la villa en un entorno con apenas paro técnico, y cuya población ha crecido más de un 25 por ciento en apenas 16 años: de los poco más de 38.000 habitantes que tenía en 1990 hasta los 48.110 que aparecen en el último censo.
Muchas de esas personas trabajan en la principal fuente económica de la ciudad y a las órdenes del presidente del Villarreal, Fernando Roig, que es precisamente uno de los empresarios que ha convertido la ciudad en el centro azulejero de España, única actividad por la que Vila-Real era conocida también entre los constructores de media Europa. Al menos, hasta que el fútbol salió de la muralla concebida por Jaime el Conquistador y salpicó de sorpresa mayúscula el continente entero.



