Lizondo agua la UEFA
Se inventó una cesión clave y dejó al Depor con nueve.


El colegiado Lizondo Cortés se convirtió en triste protagonista de un duelo en el que en principio el empate no valía a nadie. El árbitro valenciano señaló una cesión de Manuel Pablo a Molina, que el lateral diestro del Depor hizo en un alarde de calidad sin dejar botar el balón y con la zurda, que Lobos trasformó en un valioso empate para el Cádiz. Y es que las derrotas de Mallorca y Racing han hecho que el puntito sumado por los de Espárrago les deje a tan sólo dos de la salvación, cuando tan sólo restan cuatro jornadas para el final.
La tarde gaditana apareció atípica, cargada de lluvia, más propia de la hermanada ciudad de A Coruña. La costumbre hizo que el Deportivo fuese el que mejor se habituase al agua, con la que está más habituado a lidiar. A los siete minutos los de Caparrós volvieron a justificar el porqué son el mejor equipo de la Liga a balón parado. Víctor sacó un córner por raso que sorprendió a toda la defensa gaditana y el joven Iago, con calidad, batió a un Limia que estuvo casi todo el partido más perdido que un pulpo en un garaje, y eso que agua había.
Ninguno de los dos equipos quería llevar el peso, pero la realidad del marcador obligó a los de Espárrago a tomar el mando. Molina casi no sufría, porque el único peligro del Cádiz llegaba a balón parado, y ahí se mostró bastante menos preciso que el Depor. Las ganas y calidad de Lobos, que una tarde más estuvo enorme, no llegaban, y menos con un Pavoni tan desafortunado como el colegiado.
El panorama no cambió en exceso tras los cambios de un desesperado Espárrago, quizás incluso dieron más claridad a las contras de los coruñeses, pero sus delanteros, ya sea Arizmendi o Tristán, no le marcan ni al arco iris. Así, con el Cádiz en un quiero y no puedo y un Depor que no terminaba de sentenciar, apareció Lizondo.
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El valenciano, que en ningún momento entendió que el estado del terreno de juego propiciaba entradas aparatoras, era una metralleta con las tarjetas. Expulsó bien a De Guzman, pero luego inició el recital. Se inventó la cesión de Manuel Pablo a Molina, clave en el partido. Estuvo a un paso de expulsar a Duscher al creer que tenía una amarilla más, y mandó a Manuel Pablo a la ducha por la típica protesta de la impotencia (veremos qué pone el acta).
Ayer, desde luego, no llovió a gusto de todos. El Cádiz sigue sin sacar cabeza y al Depor se le complica Europa. Al menos, Lizondo no salió perjudicado.



