Primera | Atlético

Ariete de instinto criado en el Rayo

Rufino es el decimocuarto canterano que va convocado con el primer equipo esta campaña. El vivero aporta.

Rufino.
Patricia Cazón
Redactora
Patricia Cazón Trapote nació en Zotes del Páramo, León, en 1980. Licenciada en Periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca y Master de El País trabajó en El Diario de León y El País Semanal antes de llegar a AS en 2004. Cronista del Atlético desde 2016, es autora de cuatro libros y tertuliana en El Golazo de Gol y Estudio Estadio.
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Cuando Rufino Segovia (Madrid, 1983) se parapeta arriba ve el gol con una facilidad que recuerda a Ronaldo, su ídolo desde que el brasileño llegara a España. Del brasileño copió movimientos y maneras, aunque no instinto. Éste ya lo tenía de chico, en La Poveda, club al que entró con cinco años porque falseó su edad añadiéndole dos. Y desde donde saltó al Arganda. Al Rayo llegó con 11 años y su padre, para que no anduviera sólo de noche por la calle dejaba de trabajar para llevar y traer al niño de Vallecas a casa. Creció en aquella cantera, allí le señalaban como el próximo gran delantero, pero en el mercado invernal del año pasado llegó al Atlético y a punto estuvo de irse. Su marcha se retrasó cuatro meses, pero el Rayo se guardó una opción de compra que puede hacer efectiva al término de esta temporada. En el Atlético B, al principio, con Braulio y Manu del Moral por delante Rufino se movía demasiado lejos de su territorio, por la banda derecha. No hubo goles, ni muchos minutos, sí paciencia. Se marchó Braulio y Rufo, así le llaman en el campo, se licenció en punta: cinco goles en los últimos seis partidos. El primero llegó ante Las Palmas y detuvo el tiempo en el Cerro del Espino, pasaron cinco minutos eléctricos en los que el equipo apiñado en un córner no se movió. En enero, a punto estuvo de ir convocado con el primer equipo, pero Kezman se recuperó y el sueño se postergó tres meses. Hasta hoy.

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