Yo digo Óscar García

El Barça no sabe jugar con miedo

Óscar García
Jefe de sección
De Moratalaz. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense. Fue uno de los cinco primeros becarios en la historia de AS (1994). Estuvo seis años en PC Fútbol y entre 2002 y 2014 en AS.com. Pasó por TMG, A la Contra, archivo del Mº de Justicia y deportes de La Razón. En 2022 volvió a AS como jefe de sección de AS América.
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El duelo entre dos equipos como Milan y Barcelona, con un nivel tan parecido, acostumbra a decidirse por pequeños detalles. Por eso, el miedo a perder ahoga la imaginación, termina con la improvisación y convierte a los futbolistas en figurantes sin iniciativa que se mueven atendiendo a las órdenes que les llegan desde el banquillo. Se toman excesivas precauciones y se acaba por creer que quien cometa menos errores estará en la final, en lugar de pensar que la final la jugará quien más acertado esté, quien demuestre más atrevimiento y capacidad para sorprender en ataque.

Milan y Barcelona, dos de los conjuntos más sólidos de Europa, se comportaron así durante muchos minutos. El temor a no estar en la final, a cometer un error que les condenara terminó por difuminar la figura de hombres como Ronaldinho, Eto’o, Kaká o Shevchenko. Ninguno tuvo continuidad, dejaron pequeños destellos de su clase, pero detalles que fueron intrascendentes hasta que uno de ellos se decidió a arriesgar, a pensar más en las consecuencias positivas de un acierto que en las negativas de un error.

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Ronaldinho arriesgó de verdad con un pase a Giuly y el francés marcó. Fue uno de esos detalles que, además de decidir el partido y quién sabe si la eliminatoria, ayudan a definir a un conjunto como el Barcelona, que si se ha ganado el respeto de sus rivales ha sido por su poder ofensivo. Si hace unos meses fue considerado el equipo que mejor jugaba en Europa, el más potente, fue por lo que hacía cerca del área rival, no por sus habilidades en el campo propio. Cuando recuperó su estilo, el Barça fue mejor que el Milan.

El Barcelona no sabe, ni debe, jugar con miedo. Cuando lo hace se traiciona a sí mismo, se convierte en un equipo menor y malgasta el talento de Ronaldinho. Y esto último es imperdonable.

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