Primera | Getafe 1 - Real Madrid 1

El Madrid no levanta cabeza

Triste empate en Getafe. Baptista e Iker fueron los más destacados. Los locales no fueron nunca inferiores. Tena consiguió la igualada

<b>LO TUVO CASSANO</b>. Antonio Cassano salió al campo a falta de cinco minutos para el final y estuvo a punto de marcar, pero Pulido le arrebató la pelota cuando se disponía a rematar. El italiano, que únicamente ha disputado 320 minutos en la Liga, sólo entró al campo cuando el Getafe empató el partido.
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En partidos como el de ayer uno entiende perfectamente qué pensaron aquellas que fueron alguna vez a vernos jugar al fútbol en campos de tierra y en tardes de frío, sus bostezos, su inicial resistencia a abandonarnos y su abandono final. Cuando el fútbol deja de ser un espectáculo se convierte en un enigmático asunto que sólo incumbe a veintidós jugadores, y en ocasiones a bastantes menos. No, no fue un gran encuentro, para qué nos vamos a engañar. El Madrid se deja llevar y el Getafe se desliza con la comprensible falta de tensión de quien ya ha cumplido los objetivos previstos; luchar por la UEFA, una vez asegurada la permanencia, es como pedirle un kilómetro más a un maratoniano que acaba de cruzar la línea de meta.

Hay debate sobre si el Madrid juega sin entusiasmo porque no lo pone o porque no lo tiene. Personalmente me inclino por la segunda opción. El Barcelona fue el último estímulo que encontró un equipo agotado y me temo que ya no le queda ninguno más. Insistir a los futbolistas en la importancia del segundo puesto es como querer explicar economía doméstica a la Reina de Inglaterra. Además, son muchos los implicados que desconocen dónde andarán cuando en agosto, todo lo indica, toque visitar algún bello país nórdico.

En esa situación de desánimo general, sólo Baptista se presentó voluntario. El brasileño lleva persiguiéndose a sí mismo desde que comenzó la temporada. Pretendido también por el Barça, llegó al club con ilusión y con prestigio, avalado por sus 50 goles con el Sevilla en dos temporadas. Pero así como Sergio Ramos fue unánimemente aceptado por el madridismo como un gran fichaje, un camachito, Baptista no dejó de despertar dudas, algunas irrefutables: no es lo mismo jugar en el Sevilla que en el Madrid.

Sin embargo, más allá de su acierto o de su influencia en el juego, se detectaba en Baptista, además de una entrega humilde e irreprochable (ha jugado de todo), una mala suerte contumaz. Todavía atronan algunos de sus remates a los postes y no cuesta recordar alguna chilena suya que silbó cerca de la escuadra. En esos momentos, daba la impresión de ser un buen futbolista atrapado en un cuerpo demasiado grande, como si necesitara tiempo para conocerlo y domarlo, como una especie de Hulk bondadoso, porque Baptista, por si no lo saben, es buen tipo. Eso sí, su imponente planta de futbolista nos confirmaba que ni el blanco ni el uniforme del Madrid engordan: son los donuts.

Desde la posición de mediapunta, la que le hizo goleador en el Sevilla, Baptista completó ayer su mejor partido con el Madrid, el más decisivo. En la primera parte estrelló contra el larguero un fabuloso cañonazo y luego vio cómo un defensa le sacaba bajo palos un remate que ya se cantaba como gol. El gafe de Baptista, dijimos, pobre gigante.

Por eso fue de justicia que Baptista fuera el héroe de su equipo y culminara su actuación con un gol, aunque el brazo izquierdo le tape la cara en la foto. Robinho burló a quien le seguía y el balón que salvó llegó hasta su compatriota, que no hizo por ayudarse del brazo en el control, aunque le ayudó. En estos casos el fiscal reclama mano y el abogado defensor argumenta que no es posible cortarse el brazo, señores del jurado. El caso es que Baptista batió a Luis García de tiro raso y entre las piernas: su primer tanto en Liga lejos del Bernabéu, el quinto que logra en el campeonato.

Osado. No obstante, si el gol hacía justicia a quien personalmente más lo había trabajado, no era muy justo con el Getafe, en ningún instante inferior al Madrid y a ratos evidentemente superior. Y, sin duda, más valiente: la ausencia de Paunovic no acobardó a Schuster, que alineó juntos a Riki y Güiza.

Precisamente fue Riki el jugador más incisivo de los locales, aunque su encomiable insistencia alternó luces y sombras. El ex madridista chutó mucho desde fuera del área, se encontró con Casillas en un cabezazo a bocajarro y más tarde fue incapaz de meter dentro de la portería un rechace que era una invitación a levantar los brazos. Con él ocurre un poco como con Baptista, su corpulencia, su modo de combinar lo sutil y lo tosco, nos hace cambiar tanto de camisa que acabaremos por coger un resfriado.

Si Riki acaparó protagonismo, Güiza pasó inadvertido. Tampoco lucieron Redondo, Gavilán o Vivar Dorado, y se les esperaba. Por eso tiene tanto mérito que el Getafe, oxigenado por Rivas y espoleado por Pernía, acribillara a un fabuloso Casillas.

Entre el gol de Baptista y el empate local sucedieron cuestiones reseñables. Por ejemplo, Beckham, castigado al banquillo, relevó a Cicinho. López Caro no perdona al inglés que confesara ante la prensa que jugó ante el Barça con molestias y que no le dijera nada a él durante el partido. Y ya es reincidente en este pecado (ver Highbury). Pero el hecho más espeluznante fue la sustitución de Robinho por Diogo. Gestos así, tan absurdos y tan miedosos, irritan al madridismo y se debería advertir de ello en un manual de instrucciones a quien entra a formar parte del club. Cosas así le costaron el puesto a Luxemburgo.

Y además no valió de nada. Un minuto después del cambio, Tena (otro ex madridista) cabeceó una falta lanzada por Contra y puso la igualada en el marcador. Fue entonces cuando López Caro se decidió por fin a dar entrada a Cassano por Pablo García, que aportó poco salvo los capones habituales. El italiano tuvo tiempo de hacer un gran control, de dar un buen pase a Zidane y de mostrar al mundo lo bien que se come en España. Para que luego digan que el Madrid tiene que fichar hambre. Que lo aclaren.

En el tiempo añadido, Baptista volvió a rematar al poste y Pulido evitó por un milímetro que Cassano aprovechara el apetitoso rechace de ese disparo. Tiene buenos centrales el Getafe, aunque es difícil saber cuánta responsabilidad tienen ellos en la desaparición de Raúl, pues el capitán lleva varios partidos en paradero desconocido. Ni como jugador más adelantado tuvo relevancia alguna. No es que no rematara balón alguno, es que ni siquiera alcanzó los pocos que le enviaron. En circunstancias así es inexplicable que aguante en el campo 90 minutos. Si alguien pretende hacerle un favor, debería saber que le favorece muy poco.

Ahora mismo, ayer tarde, el Madrid tampoco es superior al Getafe, ni basta su empeño para batirlo, por eso descarto que la voluntad sea el problema. El problema es que los tiburones mueren si se detienen y este tiburón hace mucho tiempo no se mueve.

Schuster puede estar orgulloso. Tiene un buen equipo. Y no debe ser fácil para quien ha sido príncipe como futbolista reciclarse en modesto profesor, imagino que es complicado resistir la tentación de saltar al campo y zanjar la cuestión con un pase y una falta, sin tantas pizarras ni tantas palabras, pin, pan.

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