Primera | Getafe - Real Madrid

Getafe y Madrid ajustan las cuentas en el campo

Paunovic, la principal duda de los locales. Raúl jugará de Ronaldo.

<b>BUEN AMBIENTE. </b>Helguera, Ramos, Raúl y Salgado se divierten durante el entrenamiento de ayer en Valdebebas.
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Si el morbo es nuestra natural tendencia hacia lo prohibido, el partido rebosa. El Getafe es madrileño, su presidente es madridista (y candidatable), el entrenador lo fue y podría volver a serlo y el estadio tiene el nombre de un ilustre ex jugador blanco que, tras pasar y acabar en el Betis, recaló en el Barcelona, Alfonso Pérez Muñoz, blaugrana desde pequeñito, según confesó después en fulgurante salida del armario. Por si esto no fuera suficiente, el partido ha sido azuzado durante esta semana por las declaraciones del presidente getafense Ángel Torres, crítico con la gestión de Florentino Pérez, y la posterior réplica madridista en forma de comunicado en su página web, que es la garganta profunda desde la que se regaña al mundo.

Consecuencia del roce es que a la comida de las directivas el Madrid enviará tan sólo a Butragueño, Amancio y Otero Lastres, dos finos regateadores y un ilustre abogado, mayor diplomacia no cabe. Fernando Martín será baja por estar de vacaciones en Miami, lugar, donde, personalmente, no consigo imaginarlo, por la exótica ubicación y por las floreadas bermudas.

Seguros de que la sangre no llegará al río, el encuentro se presenta cargado de simbolismo y lucha de clases, argumento populista, lo sé, pero sucede siempre que chocan tan diferentes presupuestos económicos y filosóficos. Y ocurrió ya hace un año, cuando en su primera visita al Coliseo (evitaré en lo sucesivo la palabra para que no me devore un león), el Madrid sucumbió estrepitosamente (2-1). Como los blancos venían de ser eliminados por la Juventus en la Champions la derrota se entendió por todos como el definitivo cierre de un ciclo, excepto para el entonces presidente y su amable entorno.

Adiós Luxa.

El último antecedente entre ambos equipos no fue menos convulso. Aunque el Madrid venció por 1-0 en el Bernabéu, el baño del Getafe fue tal que Luxemburgo fue destituido poco después. Entonces el Madrid estaba a seis puntos del Barcelona, ahora está a once.

Deportivamente, el Getafe tiene una duda casi existencial: la presencia o no de Paunovic, tocado físicamente y al mismo tiempo tocado por los dioses: cuatro goles en las últimas dos jornadas, siete tantos en las siete últimas, diez en el total del campeonato. Si el balcánico es finalmente baja, Güiza o Riki serán el recambio, nada desdeñable, por cierto.

Y es que el Getafe, además de la virtud del bloque, luce no pocas cualidades individuales: Diego Rivas es un centrocampista excelente, Vivar Dorado es un tipo exquisito y Gavilán un joven fascinante. Capítulo aparte merece Pernía, el defensa más goleador del campeonato (9 goles, cuatro de falta directa). Desde que Koeman consiguió esa misma cifra de tantos en 1995, ningún defensa demostraba tanta efectividad goleadora.

En el Madrid son conocidas las ausencias de Ronaldo y Guti, uno lesionado y el otro sancionado. Sin ellos, y con Beckham recuperado, el entrenador correrá puestos, con la única duda de quién entrará en el centro del campo, Gravesen o Pablo García. Parece seguro que Raúl jugará en punta, aunque también cabe la posibilidad de que lo haga Baptista y el capitán se mantenga en segunda línea de ataque.

Europa.

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Además de afrentas más o menos espirituales, también se dirimen esta tarde cuestiones materiales. El Madrid está obligado a conquistar la segunda plaza (clasificación sin previa para la Champions) y el Getafe se encuentra a sólo cinco puntos de la UEFA, un sueño que ya resulta incontenible.

Después de dos meses sin partidos por no pasar las pruebas físicas, el gallego Puentes Leira volverá a dirigir un encuentro. Su currículo es inquietante. Hace dos años que no pita un penalti a un equipo visitante, con él jamás ha ganado el Getafe (un empate y tres derrotas) y nunca ha perdido el Madrid a domicilio (dos victorias y cuatro empates). Más alicientes, difícil. Quizá soltar un león.

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