Dani: "La auténtica final es la de hoy en Montjuïc"
Sánchez Llibre bajó ayer al vestuario de Lotina

Tras regresar de Chile, Dani Sánchez Llibre se pasó por el entrenamiento del Espanyol para encomendarse al vestuario, para que sus futbolistas sientan el cariño de el presidente del club. A Dani le acompañó Sebastián Javier, el peculiar consejero, miembro de la comisión deportiva, que esta semana ha hecho doblete. Ambos vieron el entrenamiento (cerrado para la Prensa) sentados en la tribuna, antes de saludar efusivamente a Miguel Ángel Lotina. El entrenador ha sido protagonista esta semana por haber ironizado con su futuro, que pinta lejos de Montjuïc. "Esto ahora, no toca", es la expresión más recurrente en los pasillos del club.
Dani tiene a tiro la Copa, pero también las posiciones de descenso y de peligro en la Liga. "El partido ante el Atlético es una final tanto o más importante como la del miércoles en Madrid, porque la competición verdaderamente importante por encima de todas es la Liga", afirmó Sánchez Llibre en la sala de prensa de Montjuïc.
Apoyo. Para la "auténtica final", Dani ha pedido el apoyo de la gente y un esfuerzo extra a los jugadores. "Si se gana daremos un paso definitivo hacia la salvación. He estado una semana fuera, pero he visto a un grupo muy unido y convencido de salir adelante", apuntó.
Dani es, como ya viene siendo habitual, el primero de los optimistas en clave blanquiazul: "Estoy convencido de que vamos a ganar la Copa del Rey. El partido del Santiago Bernabéu va a marcar la temporada, buena o mala, depende del resultado".
Noticias relacionadas
Un 'diez' para la marea perica
Sus viajes le han impedido vivir la locura por las entradas de la final de Copa. De todos modos, el presidente se felicitó por la cifra de pericos que estarán el miércoles en Madrid: "Seremos 27.000. Es impresionante, porque la situación del equipo no es para echar cohetes y en Cataluña se trabaja tanto el miércoles como el jueves. La afición del Espanyol es de diez". Dani considera que la "ilusión de la Copa" es algo que no se puede controlar ante una hinchada que está ávida por repetir la hazaña de Mestalla en 2000.



