Primera | Real Madrid 1 - Real Sociedad 1

La Real perdona a un flojo Madrid

Los donostiarras se conformaron con el empate. Ronie, 100 goles de blanco. Guti fue expulsado

<b>“¡VAYA JETA!”</b>. En el 85’, Fernández Borbalán expulsó a Guti, quien declaró tras el partido que fue por decirle: “Eres un jeta”. El árbitro reflejó en el acta que Guti fue expulsado por: “Dirigirse a mí voz en grito, cuando el juego estaba detenido, diciendo: ‘¡Qué geta (sic) que tienes!, ¡tienes mucha geta!”. Es el segundo partido seguido que el Madrid acaba con diez.
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Algunos partidos son como una vida entera, por variados, digo. Y no se me ocurre ahora mismo mejor muestra de vida variada que Hombre rico, hombre pobre, historia que narraba la muy diferente existencia de dos hermanos, tan distintos que uno era moreno y el otro rubio; del resto de la película se puede hacer uno perfecta idea si se ciñe a su descriptivo título. El ejemplo nos sirve para introducir el enfrentamiento entre el Real y la Real, hermanos de aristocracia, hasta hace apenas dos temporadas rivales por el título y ahora embarcados en campañas menores. Ayer, en concreto, el Madrid viajó de la frontera de la goleada al precipicio de la derrota, mientras la Real pasó de perder a poder ganar. Al final se repartieron los puntos. Como buenos hermanos.

Sin embargo, no debería ser esta una igualada que dejara a nadie contento. El Madrid poda el brote de ilusión que despertó su partido en el Camp Nou y confirma los análisis más pesimistas: el equipo está sólo para esfuerzos localizados, ya sea ante grandes rivales o en citas señaladas, momentos tan extraordinarios que no necesitan de mentalización extraordinaria. Y lo peor es que ni en esos instantes, a diferencia de lo que ocurría antes, su aplicación garantiza el éxito, y pienso en los duelos contra el Zaragoza (Copa, ida y vuelta), Arsenal y Barcelona. En el caso de la Real, su correctísimo encuentro nos deja la sombra de su conformismo, pues el equipo afrontó los últimos cinco minutos con uno más y en lugar de irse a por la victoria prefirió conservar un punto que pudiera no ser suficiente, veremos.

Pero ordenemos los acontecimientos. Antes del pitido inicial, la Real dejó muestra de sus intenciones y, favorecida por el sorteo, solicitó cambio de campo, que es como pedir el libro de reclamaciones antes de entrar al restaurante. El asunto parece anecdótico e intrascendente, pero no lo es tanto. Los equipos locales se acostumbran a ciertas rutinas y modificarlas debe ser el primer mandamiento de quien busca su desconcierto. Después de eso, la Real decidió esperar a su enemigo detrás de la línea del centro del campo y presionarlo desde allí.

Primer remate. El plan no era malo, pero sufre más el Madrid si se acosa a sus defensas que a sus centrocampistas, sobre todo si Guti está en el campo. Es por eso que la Real, aunque prietas las filas y ágil en el contragolpe, daba la impresión de estar un punto por debajo de su adversario. Pese a todo, el primer remate a portería fue donostiarra: Xabi Prieto se coló por una grieta del muro y erró por golpear la pelota muy frontalmente, sin acomodar el cuerpo, sin balancearlo; la pegó como quien es malo y es extraño, porque él es muy bueno.

Las siguientes acciones se sucedieron casi sin tiempo a anotarlas y sin que se entendiera luego lo poco anotado, y la culpa la tuvo tanto lo trepidante del juego como que el uso del teclado nos haya vuelto algo simiescos con el bolígrafo en las manos, prueben, si se atreven, a escribir una carta de amor con un bic. El caso es que en la aproximaciones de ambos equipos se repetían los mismos protagonistas: Cicinho y Mark González. El brasileño reclamó penalti después de hacer un sombrero, aunque más que mano pareció moflete. El chileno avisó con un recorte fabuloso a Cicinho y no tardó en poner a prueba Casillas con un disparo raso. Ambos coincidían por la misma banda, que se quedaba sin hierba.

Después de los primeros 20 minutos ya se podía concluir que algunos jugadores del Madrid tenían los biorritmos en pie de guerra: la aportación de Raúl era nula como segundo punta, aunque sobresaliente como recogepelotas, y Zidane sufría un preocupante estado de ansiedad que se manifestaba en sus frecuentes fueras de juego, en su modo un tanto acelerado de conducir el balón y en los mandobles que repartía.

Buen gol. Pero esos síntomas dieron la impresión de quedar en nada cuando Ronaldo adelantó al Madrid. Fue un gol peculiar, seguramente ensayado. Zidane sacó una falta y Ronaldo, en lugar de desmarcarse hacia la portería, lo hizo hacia fuera. Eso le permitió enganchar una estupenda volea que, sin oposición alguna, batió a Riesgo. Gol 100 de Ronie con la camiseta del Madrid.

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Los minutos que siguieron fueron los de la goleada que no llegó. La mejor ocasión, un contragolpe que Ronaldo remató en primera instancia al palo y luego, en el rechace, al infinito. Resultaba difícil de creer que el Madrid no acabara sentenciando en una de esas contras. Pero la Real no se descompuso, y ya es un mérito. Mark González se echó al equipo a la espalda y sus incursiones devolvieron la esperanza a su equipo. El chileno rozó la escuadra con un magnífico cabezazo y luego calentó las manos de Iker con un disparo durísimo de falta. Según transcurría el tiempo, la Real asumió el riesgo de lanzarse al ataque y el Madrid aceptó la apuesta, seguro de que saldría ganador. Y así, a los tiros visitantes, respondía Robinho con buenas acciones que no concluía bien: unas veces por chutar desviado y otras, las más, por no dar el balón a un compañero. Quien no perdonó fue Mark González, que aprovechó un balón que para Casillas fue una trucha; el chileno metió el pez en la red.

Sin Ronaldo (lesionado), el Madrid pareció desamparado, incapaz de cambiar el ritmo, tan impotente que empezó a protestarlo todo. Víctima del descontrol y de su inoportunidad crónica (a dos meses del Mundial), Guti fue expulsado y dejó al Madrid al pairo. Como queda dicho, no se ensañó la Real, satisfecha por empatar en el Bernabéu, buen resultado en casi cualquier otra circunstancia, pero no en la suya. Cuando el árbitro pitó el final, los equipos se repartieron los puntos y las camisetas, los saludos habituales, no hay nada que una tanto a los hermanos como los malos tiempos, y estos no son buenos.

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