En el patíbulo de Bakero
Última bala de Manolo Hierro ante el ex malaguista

Compartían algo más que el desayuno en el recreo del curso de entrenadores. Según el propio Manolo Hierro, "Bakero y yo compartíamos la misma manera de ver el fútbol". Y no fue por otra razón que el manager general del Málaga le encomendó al héroe de Kaiserlautern el milagro de la salvación con el filial. Así nació (23-1-2005) el Jose Mari Bakero entrenador, quien tardó bastante en enterarse de la película, pero que acabó bañado en champagne en el vestuario de La Rosaleda. El mesías se marchó en junio, y cuentan que aquella relación no terminó bien. Unos meses después se inició la edad de Hierro en los banquillos, que ha dejado petrificados a todos con sólo siete puntos de 27 posibles. El Málaga se ha ido desgajando de la clasificación hasta tener los nervios al borde de la ignición. Prueba de ello son los disparos al aire del veleño, culpando a los árbitros de favoritismo hacia el Athletic. O de tener nueve puntos menos. En sus últimos coletazos por sobrevivir, el séptimo proyecto blanquiazul mendiga un clavo ardiendo en San Sebastián, donde el destino ha querido que Bakero debute en el banquillo ante una afición que promete el lleno en Anoeta. Se han citado en el patíbulo las dos peores defensas de Primera División, las dos peores rachas de 2006. Lo último en fútbol catastrófico.
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En su enésimo ejercicio de fe, con sólo un triunfo en 18 jornadas, Hierro ha aparcado las revoluciones y apuesta por la continuidad para reencontrarse con el gol, ese oscuro objeto del deseo. "No es normal que nuestros delanteros sumen sólo ocho tantos", reconoce el técnico, que no cesa en su empeño de inventar la bomba atómica, pero que sólo sobrevive merced al acierto a balón parado, donde Hidalgo y Duda tienen una importancia capital. Porque existe un evangelio nuevo a partir del portugués. Fue precisamente la oferta de tres millones de Bakero por el luso y la negativa de éste a marcharse traspasado en verano lo que desató la tempestad en La Rosaleda, la división del vestuario, la pérdida de crédito de Tapia, el advenimiento de Hierro y el adiós a muchos puntos en el camino. "Siempre fui honesto con aquello", repite Bakero.
Dudas es precisamente lo que experimenta el técnico de la Real para formar su once. Prepara cambios. Retornará a la línea de cuatro atrás, aunque donde más novedades presentará será en la medular, con Mark González en la izquierda y Mikel Alonso de gran ausente. Aunque su gran baza es el espíritu de Anoeta, que podría registrar su segunda mejor entrada del año (26.000 espectadores) tras el Barcelona.



