Yo digo | José A. Martín 'petón'

El nombre nos lo dio el pueblo: Aleti

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Hay un solo nombre para entendernos cuando hablamos del Atlético de Madrid: el Aleti. Unos cuantos periodistas han dado en llamar el Atlético al Aleti, algo tan pedantón (al paño: que saben porque no beben el vino de las tabernas) como ponerse un guión entre el Martínez y el Pérez o la partícula "de" entre García y Gómez. Pero aunque se lo reprocho, insisten y los muy canallas hacen escuela: se lo he llegado a oír hasta a los dirigentes del club y a algunos de sus jugadores. Somos del Aleti desde que nacimos: el nombre inicial del equipo fue Athletic Club de Madrid a imagen del bilbaíno, tal cual, como es sabido. Y naturalmente la respuesta primera del madrileño fue llamar a su equipo, al que venía a ser su equipo del alma, con el deje castizo de su habla. Nada de Ath-le-tic; Aleti, agrandando la a inicial, acentuando la e y alargando la i de salida.

Hasta los poetas se han rendido al verdadero nombre, el que eligió el pueblo, y así el gran Alfonso Pérez Gradolí, cuando habla de las cosas que pasaron un domingo de octubre del 33, cuenta que el Aleti le hizo cuatro al Betis. En el 33 el Aleti, no el Atléti. El Metropolitano lo levantó luego sobre el aúpa, aúpa Aleti, para acompañarle en la noche gloriosa de la goleada al Dinamo de Zagreb con el gol imposible de Mendoza, y muchas tardes después tal que muchas tardes antes. Hay un momento exacto en el que el aúpa calla para que suene más fuerte Aleti. Es la noche de los tres de Luis al Cagliari de Gigi Riva. Del Fondo Sur salió nuestro nombre como un rugido espeluznante que de golpe hizo trepidar el cielo madrileño. Aún lo enciende. Cómo para que vengan los revisionistas a quitarnos lo que nos queda para siempre, el glorioso nombre que el pueblo dio a su equipo. Al Aleti de Madrid.

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