La primavera llega al Madrid
Excelente partido de los blancos y festival brasileño. El Deportivo no compareció. Cicinho volvió a ser el mejor. Ronaldo se reconcilió con el Bernabéu

Primavera. Sol. Estornudos. Manga corta, día largo. Faldas menguantes, puestos de helados. Más estornudos. El Madrid juega bien. Todo encaja. Es reconfortante encontrar las cosas en su sitio. Volverá el frío, la lluvia, y tengo localizado un día de mayo en el que nieva cerca de donde estás. Pero ayer, entre La Castellana y la calle Padre Damián, a la altura del Palacio de Congresos, zona azul, se vio un atardecer esplendoroso, y no es metáfora, aunque podría.
La última tarde, en el Bernabéu, cinco días después de lo que dicta el calendario solar (aquí rigen otros astros), se acabó el invierno y aunque eso no es promesa de nada, sólo miel en los labios, sirvió al menos para quitarse el jersey y calentarse al sol, para disfrutar del buen partido del Madrid, poco constante, pero salpicado de ráfagas deliciosas.
Evidentemente, todo esto no hace gracia si eres deportivista en Galicia, o en ultramar, porque allá donde te encuentres, ahora mismo, llueve. El único consuelo es que el chaparrón de hoy alimenta el prado de mañana (esto o algo así dice mi madre, que es de Puentecesures) y hasta en los días más encapotados se escapa un rayo de sol, en este caso, de nombre Iago, 22 añitos, niño prodigio en Brunete y lo más parecido que se ha visto a Fran desde que Fran se fue. Y Caparrós no es mal capitán para adentrarse en el futuro.
Pero no adelantemos los veranos y situémonos en esta transición entre el crudo invierno y la tímida primavera, justo la estación en la que viven el Real Madrid y el Deportivo, dos equipos que necesitan mudar la piel, pero unas veces falta decisión y otras, dinero.
Aunque el Madrid lo bordó por momentos y el Depor naufragó miserablemente casi en todo momento, ambos ofrecieron uno de los dos rostros de su doble condición, buenos y malos, guapos y feos, sabios y viejos, héroes y villanos, así son ellos y nunca sabes lo que te va a tocar, como en la caja de bombones de Forrest.
No obstante, para que al Madrid le saliera cara, resultó decisivo que su entrenador apostara por la alineación más segura de las posibles: Cicinho de lateral, Robinho de lo que quiera y Ronaldo en punta; a los bongos, Roberto Carlos y Baptista. En total, una concentración de cinco brasileños en la alineación, fórmula futbolística que tiene pocos visos de fallar y que al primer rayito de sol te transforma el campo en Ipanema y la grada en sambódromo. Así ocurrió.
Conjunto. No obstante, sería injusto conceder todo el mérito de la goleada a la colonia brasileña, ya que Zidane se movió sin piruetas, pero con exquisitez, Guti fue una torre de control y Beckham estuvo generoso en las asistencias. Sin embargo, es indudable la influencia del "ordem y progresso", lema que luce Brasil en su bandera y que en fútbol se traduce por "desorden y para adelante".
Cicinho, justo es citarlo en primer lugar, completó un encuentro fantástico. Como intuíamos, mejora en el lateral, porque partiendo desde allí explota toda su velocidad. Es incansable, ofensivo, técnico, y si bien es cierto que tiende a alejarse de la cal, esa libertad le hace ganar importancia en el juego, ya que Cicinho no es sólo un lateral que tira buenos centros, y eso ya sería mucho, sino que es un futbolista que partiendo de su pisito de 50 metros en la banda derecha activa y conecta con cualquier compañero sobre el campo. Y hasta ronda el gol.
Cicinho y Robinho son nombres que formarán parte de una legendaria alineación del Madrid que está por hacerse. Porque si el lateral estuvo formidable, el delantero no le anduvo a la zaga. Robinho crece con la rapidez de los niños de tres años, cada día es diferente, mejor, más divertido. Es inaudito que estos futbolistas no fueran titulares cuando el Madrid se jugó la vida en Highbury.
Y llegamos a Ronaldo, que ayer, por fin, se comportó ante toda esa chavalería como el tío Ronie, el que hace trucos de cartas y los enseña a conducir. "El presidente", como le llama Robinho, culminó con el segundo gol un taconazo del chico y un posterior pase de Roberto Carlos, perfecto en el temple. Poco después, Ronaldo hizo memoria y trató de explicar a los chavales cómo eran sus arrancadas. Lo hizo con una carrera asombrosa en la que burló, sucesivamente, a Coloccini, Sergio, César y Héctor; sólo tropezó con Molina. El Bernabéu lo despidió con una ovación.
Entretanto, el Deportivo, que se había disparado a un pie con un autogol de Héctor, se debatía entre salir y quedarse, aunque siempre se quedaba. A cada uno de sus ataques le faltaba irremediablemente un hombre y un buen pase. Le sucede a los equipos sin confianza y es fácil que ocurra en el Bernabéu. Cada avance es como un viaje a América. Y el único que se embarcó fue Iago, descarado cuanto le permitieron, audaz, alegre; sólo un problema: sin pandilla. Víctor se ha vuelto serio, Sergio insustancial, Munitis careció de inspiración (aún así, yo jamás lo hubiera sustituido al descanso) y Tristán ofreció su peor versión, que es muy mala. A eso añadan que el equipo no supo a qué jugar, ni presionó, ni se encerró, ni fue valiente ni cobarde, sólo resignado. La prueba es irrefutable: Casillas no tocó el balón en los 90 minutos.
Baptista. La segunda mitad siguió intercalando magníficas triangulaciones del Madrid y momentos de descanso, la única novedad fue que el Deportivo pasó de entrar poco en juego a no entrar en absoluto. El tercer tanto lo consiguió Sergio Ramos con un testarazo precioso y furioso, pase de Beckham.
El cuarto gol fue más inesperado: falta en la frontal y amigable discusión para ver quién la tira, Becks o Roberto. Baptista andaba por allí, pero imaginamos que sería para amagar o tal vez para detener el balón de otro. Pero nos equivocamos, la tiró él. Los tipos grandes tienen un enorme poder de convicción y, a veces, hasta razón. Baptista marcó con estilo y potencia, un gol merecidísimo para quien todavía no ha conseguido adaptarse y pese a todo es irreprochable: trabaja, asusta, ayuda, acaricia goles extraordinarios y un buen día se descorchará con el estruendo de una botella de champán.
Quedan por consignar las entradas al campo de Gallardo, De Guzmán, Manuel Pablo, Raúl y Cassano, pero para ellos basta la ficha técnica. Mención aparte para Gravesen, que en siete minutos casi liquida a De Guzmán. Si en el fútbol existiera el carnet por puntos, ya estaría bajo cero.
Si la tarde en Madrid fue buena, la noche no resultó peor, tibia y dulzona. Anuncian, sin embargo, tiempo cambiante, sol y lluvia, la traidora primavera.
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