Primera | Málaga 0 - Zaragoza 1

El triunfo más inesperado

'Ewer' resuelve en el descuento tras una pifia de Arnau.

<b>FIRME. </b>César tuvo tres intervenciones muy acertadas. En la imagen, despeja un remate muy claro de Salva al poco de empezar.
Pedro Luis Ferrer
Delegado de Aragón
Delegado en Aragón de Diario AS desde 2004. Licenciado en Ciencias de la Información-Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona.
Actualizado a

El fútbol es absolutamente impredecible, acaso como la caza. Donde menos se espera salta la liebre. O el regalo inesperado. Al Zaragoza le faltó de todo en La Rosaleda, desde luego fútbol, pero también ambición, energía, determinación y ganas, pero regresó a casa entre sonrisas y con la victoria en el bolsillo. Y todo por una pifia monumental de Arnau en un saque de puerta durante el descuento. Verdaderamente inexplicable. Un suicidio en toda regla para un Málaga, al que ya no le salva ni un milagro. El partido estaba acabado, pero Savio se encontró con el obsequio y no se lo pensó dos veces. Era para no creérselo, pero avanzó decidido y se la puso a Ewerthon para que firmara la victoria. Con regalos así, uno puede ir al fin del mundo, aunque no tenga un sólo mérito que ofrecer.

Pero la victoria no puede ocultar la realidad de ayer, ese partido pésimo, horrible y casi miserable de un Zaragoza desganado, al que parecía, hay que decirlo claro, que la Liga había dejado ya de importarle. Salió a verlas venir y se dejó llevar toda la tarde. No hizo nada para ganar, salvo empujar al Málaga al abismo cuando ya estaba en el precipicio. El triunfo y los resultados de la jornada devuelven al equipo a la pelea por Europa, pero no conviene engañarse con las matemáticas (ahora el premio está a seis puntos), ni con falsas ambiciones, ni con cuentos de la lechera sobre esa segunda vía a la UEFA. Lo de Málaga no se repetirá otra vez. Y de aquí al final, cada victoria habrá que ganársela con esfuerzo y con fútbol. Y no parece el Zaragoza muy entusiasmado con la Liga. Da la impresión de que sólo piensa en la final de la Copa y que todo lo demás le resulta un incómodo asunto menor. Quizá este triunfo agite otra vez la ilusión, pero no hay garantía de nada, aunque se gane al Madrid.

Ni fútbol ni nada.

Noticias relacionadas

El partido, decíamos, fue espantoso. De principio a fin. El Málaga tiene cierta disculpa, porque no le da para más, pero el Zaragoza le puso muy pocas ganas. Jugó casi por jugar, por pura obligación, sin el mínimo empeño y, sobre todo, sin fútbol. El equipo aragonés jugó a oscuras durante todo el encuentro. Sin nadie que guiase su juego. Sin un faro o una luz que seguir. No lo fue Celades en la primera parte, ni Movilla en la segunda. Tampoco los demás, los que acostumbran a ayudar en la elaboración, estuvieron finos. Cani dejó algún detallito, pero tuvo mucho adorno y poca eficacia. A Óscar se le vio muy poco. Y mucho menos a Diego Milito. Al Príncipe no le salió nada. Ni remató ni aguantó el balón. Un día de ausencia total. Nada que ver con el Diego de siempre. Generelo fue el único que mantuvo el tipo en la parcela central, uno de los pocos que se tomó la cosa en serio. Savio y Sergio García salieron al final con otro aire, pero ya no estaba la cosa para correr riesgos.

Baste decir que el Zaragoza no remató a puerta durante los 90 primeros minutos. Lo hizo por primera y única vez en el descuento, cuando Arnau le dio a Savio ese balón inexplicable que Ewerthon agradeció de lo lindo para bailar una samba tan inesperada como la victoria del Zaragoza en Málaga.

Te recomendamos en Más Fútbol

Productos recomendados