La desesperación se mide a la necesidad
Ronaldo o Cassano, duda de Caro. Dani o Robert, dilema de Serra

El Madrid aguardaba el resultado del Barcelona y el Betis el de la Real. Ganó el Barça y perdieron los donostiarras, lo que confirma las respectivas tendencias. El resultado anima a los béticos, porque no les aleja de un rival directo, y en nada ayuda a los madridistas, que tienen que seguir trabajándose el milagro y lucharán por seguir a nueve puntos de la cabeza. Queda Liga, debe pensar el Madrid, como un consuelo. Y cuánta Liga queda, debe suspirar el Betis. Mejor que palomitas, en la mayor parte de los campos de España se deberían vender clavos ardiendo. Aunque tampoco vendrían mal los martillos.
Y es que llegados a este punto, cada enemigo que te sale al paso está herido o rabioso por alguna bala que no le disparaste tú o por algún mordisco de otro. Así es la Liga cuando faltan sólo once jornadas. Los que huyen del descenso se cruzan con quienes persiguen altos objetivos, ya sean pasaportes europeos o quimeras galácticas. Y es ahora, cuando aún cuesta memorizar los respectivos calendarios, cuando se decide el destino.
Por todo eso, ya nadie sonríe demasiado en los prolegómenos. Porque a estas alturas no se puede dejar escapar un punto ni está permitido visitar el Bernabéu con ligero conformismo, con la manida excusa de que por allí no pasa tu Liga; ahora pasa. No se podrá agarrar a eso el Betis, en puestos de descenso, 26 puntos, uno más que el Cádiz y cuatro más que el Málaga. Y añádase a esa penuria un calendario terrorífico que incluye Madrigal, derby, Ramón de Carranza, Athletic, Mendizorroza...
Así de importante es el partido de hoy para el Betis, tan necesitado de puntos como de cariño. Más aún tras la eliminación en la UEFA ante el Steaua, al que no se debería permitir entrar más en la ciudad porque no provoca más que descalabros. Esa derrota ha dejado desvalidos a los verdiblancos porque ha sido un amargo reconocimiento de la debilidad propia, de la incapacidad para manejar el presente. Por cierto, no hay tristeza que nos impresione más que la de quien nunca está triste.
Aunque el Madrid también tiene problemas, el ansia del Betis será esta tarde el principal. La razón es que el Madrid tolera mal a los equipos desesperados, casi en la misma medida en que le cuesta entrar en estado de desesperación. Una vez lo logró y le metió cuatro goles al Zaragoza, tres en diez minutos. Pero fue un desafío concreto y aislado que al grito de Juanito reunió al madridismo. Ahora el ambiente se deteriora con el paso de los días, en el vestuario y en el entorno. El entrenador interino se ofende porque, aunque fue contratado como chófer, se siente piloto de Ferrari; los jugadores se ofenden porque intuyen cercano su adiós y el resultado es que todo el mundo raja; los últimos, los laterales. Y es que a Salgado, que cargó contra la prensa el jueves, se unió ayer Roberto Carlos, que se remitió al asunto que podría paralizar la planificación: los contratos firmados. Sin duda, esa alegría a la hora de pactar las renovaciones traerá cola.
El Betis saltará al Bernabéu con lo mejor que tiene, a excepción de Tardelli, un genio inconstante, y Capi, lesionado. La única duda es saber si el delantero centro será Dani o Robert. Un dato basta para describir la penuria verdiblanca: Dani es el máximo goleador del equipo con cinco tantos, sólo uno más que Oliveira, ausente desde hace meses.
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Estadística. La misión para el Betis roza lo imposible si se piensa que suma siete puntos a domicilio en la Liga y sólo ha ganado un partido fuera (0-2, ante Osasuna). El Madrid, por el contrario, acumula cinco victorias seguidas en el Bernabéu, donde no ha cedido puntos en 2006. Los béticos no ganan en feudo blanco desde 1998 (0-1, Finidi). Por lo que al Madrid respecta, se vislumbran cambios en relación a Mestalla. Cicinho podría reemplazar a Salgado, Bravo volver al centro de la defensa y Baptista salir del once; para sustituirle se barajan los nombres de Ronaldo o Cassano. Raúl, que no marca en Liga desde el 26 de octubre del pasado año, continúa siendo titular indiscutible.
Además de lo que suceda sobre el césped, habrá que seguir la reacción del público ante cualquier incidencia. En situaciones de indefinición como las que vive el Madrid, buscando entrenador como quien busca novia en un baile (con el mismo porcentaje de calabazas), es interesante conocer la opinión del pueblo soberano.



