Julián Vara: Un devoto rojiblanco que empezó a jugar para adelgazar


Pepe Murcia lo sabe bien. Sabe que si necesita un interior derecho con la velocidad parecida a la de Petrov y un instinto goleador cercano al de Torres ahí tiene a Julián Vara (Madrid, 1983). Él es un devoto del Atlético. Socio rojiblanco desde casi antes de nacer. Todo comenzó en el Calderón. Todo fue influencia paterna. Cuando él, con doce años, iba con su familia al estadio y se le ponía la piel de gallina al ver a Manolo, su ídolo. El fútbol le había llegado a los seis años, también por influencia de su padre: el niño estaba gordo y el niño perdería kilos jugando al fútbol en Casarrubuelos. El padre le llevaba y le traía, pero nunca se quedaba a los partidos hasta que un directivo le advirtió: "Tu hijo tiene madera". "¿Mi hijo? ¿Cómo? Si está gordo". Al siguiente partido ya fue a verle y nunca más ha faltado. Hasta ahora ha entrado y salido del club tres veces. La última vez llegó desde Las Rozas, después de que Don Balón le hubiera elegido designado mejor jugador de Tercera en la campaña 2004-05. Su única manía es dejarse la piel hasta que se le quite el nudo del estómago que se le pone antes de un partido. Hoy el dorsal 38 del Atlético cumplirá su sueño.



