Copa UEFA | Sevilla 2 - Lille 0

Este sí es el camino para ser grandes

Kanouté iguala a Baptista como goleador en Europa. La afición, de nuevo clave para la gesta.

<b>EXPULSADO. </b>Jesús Navas fue expulsado en la segunda parte, aunque el tiempo que estuvo en el campo lo hizo bien.
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Ayer vi saltar en la grada a personas de más de 60 años. Ayer vi como miles de almas sevillistas se marchaban a casa con una cara de felicidad desbordante. Ayer vi como los corazones se encendían y se aceleraban en un final de infarto. Ayer vi como el espíritu de dos jugadores de la vieja guardia, Javi Navarro y David, se apoderaba de todo el equipo. Ayer vi a un Sevilla que no clavó las rodillas en el suelo y firmó un pase histórico a cuartos. Ni el agónico final pudo frenar una gran remontada bendecida por los aficionados.

La noche fue bonita para todos, pero lució con un brillo especial Kanouté. Mandó un balón al palo, llevó la transición de todas las contras, hizo el primer gol y regaló a Luis Fabiano el segundo. Parte del triunfo hay que dárselo a él. Aunque el nivel de todos fue altísimo. El equipo manejó la cita con frialdad, sobre todo en la primera parte, cuando había que salir a por todas.

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Salvo los minutos iniciales, el Lille no apareció. Una salida fugaz de Moussilou aceleró los nervios. Fue más el miedo a perder que otra cosa. A partir de ese susto, los de Juande se apoderaron del encuentro palmo a palmo. Con las apariciones por banda de Adriano, Alves y la siempre presencia ofensiva de Kanouté, el fuerte triángulo que Dumont, Makoun y Bodmer formaron en el centro del campo cedió. Una vez superada esa barrera, las ocasiones aparecieron. Schmitz sacó debajo de los palos un remate de Luis Fabiano y Kanouté estampó un disparo en el larguero. El asunto tenía buenas sensaciones y se puso de cara cuando Bodmer (en el 25') se autoexpulsó lanzándole un codazo a Javi Navarro. El Lille perdía una de sus balas ofensivas más interesantes. Ahí cambió todo. Minutos más tardes, Alves hizo una de sus diabluras en la banda para servirle un pase atrás magnífico a Kanouté. 1-0. Nervión explotaba. La remontada era posible. Con el campo despejado, los de Juande se lanzaron a tumba abierta. Un carrerón espectacular de David de 80 metros puso en pie a los aficionados. Ese era el espíritu de Pablo Blanco, de aquella bonita noche ante el PAOK. Poco después, la traca final. Adriano robaba el enésimo balón, trazó un pase a Kanouté, quien le entregó de cabeza a Luis Fabiano el 2-0.

Todo era per-fec-to, pero... ¡Cómo no! Con todo a favor, salió la otra carita de este Sevilla. Bueno, de este Sevilla y del de siempre en las ocasiones puntuales. Aparecieron los tembleques y la jindama. Ante un Lille que ofreció muy poquito, el equipo cayó en una peligrosa especulación. Chalmé, en un lanzamiento de falta, bordeó el drama. Kanouté desaparecía del partido. Mala noticia. Tocaba sufrir. Los nervios provocaron que Navas se ganara la expulsión. Las fuerzas se igualaban con más de media hora por delante y el miedo se trasladaba del césped a la grada. Los minutos parecieron horas, pero el destino ayer no podía ser tan cruel. El Sevilla aguantó e hizo historia. Ayer vi como Prieto, Blanco y Ramón Vázquez abandonaban el estadio felices. Ayer vi florecer el sentimiento sevillista.

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