'Fiebre en las gradas', el libro que nació en el fondo norte
Nick Hornby describe la pasión que siente un seguidor del Arsenal

Nick Hornby (Maidenhead, Inglaterra, 1957) escribió en 1992 Fiebre en las Gradas "en un intento de alcanzar una visión ajustada de su principal obsesión": el Arsenal. En el libro, que repasa con ironía y resignación su historia de amor con el club entre 1968 y 1992, el autor confiesa cómo sus experiencias vitales terminaron por confundirse con los avatares del equipo, hasta el punto de que las victorias o las derrotas correspondían a los estados de ánimo del autor, a sus éxitos personales o a sus rupturas sentimentales.
También nos descubre Hornby cómo antes de la llegada de Wenger, el club tenía una imagen muy distinta a la actual. Entonces el equipo ganaba muy de vez en cuando y era famoso por su juego rácano. Cuando recuerda la temporada 79-80, escribe: "El aficionado medio al fútbol, si es más o menos conocedor de los medios de comunicación (...), topará con una referencia despectiva para el Arsenal puede que dos o tres veces por semana; es decir, calculo que con la misma frecuencia con la que oirá una canción compuesta por Lennon y McCartney.
(...) En la portada de una revista de fútbol que lleva unos cuantos días dando vueltas por mi casa se anuncia un apetitoso reportaje titulado: '¿Por qué todo el mundo odia al Arsenal?'. (...) Somos aburridos, tenemos una suerte que no la merecemos, somos guarros, petulantes, ricos y malencarados. Y así hemos sido, por lo que yo alcanzo a saber, desde la década de los treinta".
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Ese legendario mal juego que practica su equipo hace que Hornby muestre una extraña pasión abnegada. "Para el hincha que lo es hasta los huesos, el fútbol espectáculo existe como existen esos árboles que se desploman en medio de la jungla: hay que presuponer que esas cosas ocurren, sólo que uno no está en condiciones de apreciarlas. Los periodistas deportivos y los amantes del sillón y el televisor, bien dotados de espíritu corintio, son los indios amazónicos: saben más que nosotros, aunque visto de otro modo, saben muchísimo menos".
Pero Hornby, que a los once años encontró en el Arsenal el único punto en común con su padre, es, sobre todo, un amante del fútbol. "Puede que sea absurdo, pero aún no me he animado a decir que el fútbol sea un deporte maravilloso, y por supuesto que lo es. Los goles tienen ese valor que tiene lo raro, sin punto de comparación, por ejemplo, con las canastas de baloncesto o los sets en tenis, y siempre quedará el suspense y la emoción de ver a alguien cuando consigue hacer algo que sólo se suele hacer tres, cuatro veces a lo sumo en todo un partido (...). Me encanta el ritmo que tiene, cómo pueden los bajos con los altos, los enclenques con los fuertes, me encanta que el mejor equipo no siempre sea el que gana...". Como no podía ser de otra forma, Hornby estará hoy en Highbury.



