Los jugadores del Chelsea ven a Mourinho muy raro
La derrota de la ida le ha vuelto más distante y cínico


Algo le está pasando a José Mourinho. Ya se sabía que el Barcelona es el equipo al que desea ganar a cualquier precio, pero también que éste es el tipo de partido del que se alimenta el personaje que ha creado. Sin embargo, la derrota en el primer encuentro le ha dejado más serio de lo habitual, más distante, más cínico. Pero no sólo de cara al exterior, sino también en la privacidad del vestuario. Sus jugadores intentan adivinar qué le pasa por la cabeza, la razón de su extraño comportamiento, pero sin demasiado éxito,. Los que le conocen bien saben que caer eliminado hoy supone un año perdido. Y el final de la temporada. La Copa y otra Liga le da lo mismo.
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Caer eliminado conllevará una sensación frustrante que sólo puede equipararse a lo que le ocurrió cuando todavía tenía la esperanza de ser jugador. Era un defensa mediocre del Rio Ave, que entrenaba su padre Félix, pero en un calentamiento antes del partido ante el Sporting de Lisboa se lesionó el central titular y parecía haberle llegado su oportunidad. Félix quiso poner en el once a José pero se enteró el presidente del Rio Ave y le puso un ultimátum: si jugaba su hijo, Felix sería despedido. El hoy entrenador del Chelsea tuvo que ver el partido en la grada. Ese día decidió que nunca iba a ser humillado de nuevo.
La historia sirve para explicar su estrategia metódica y poco emocional y el placer casi perverso que siente al enfrentarse a sus superiores. "No tengo que controlar a Abramovich. Es él el que me tiene que controlar a mí", dijo al llegar. En su aventura inglesa cuenta a su lado con el nuevo dueño del club, Roman Abramovich, un obseso de este juego que se pasa horas y horas en su yate viendo partidos de fútbol y que cuando se junta con algunos de sus jugadores les pregunta, siempre a través del traductor, su opinión sobre los cromos que le gustaría tener: Ronaldinho, Etoo, Shevchenko (con quien tiene apalabrado un traspaso para este verano) y el nombre de otros futbolistas que sólo los Maldinis de este mundo tienen derecho a conocer. El problema es que de tanto ver fútbol lo que atrae de verdad a Abramovich es el jogo bonito y lo que Mourinho ofrece es la efectividad. Pronto el ruso pedirá un mejor juego y eso no es posible con el portugués.



